Una campaña Jacquemus en la vida real. A menos de una hora de Aviñón, en el sur de Francia, entre montañas y viñedos, se encuentra el Hôtel Crillon Le Brave , que toma su nombre de la comunidad en la que se encuentra. En los años noventa, el hotelero canadiense Peter Chittick adquirió varios edificios medievales en lo alto del pueblo provenzal y los transformó en este hotel único.
El concepto es el de un pueblo que se vive como un hotel, y este año presenta una renovación firmada por el interiorista Charles Zana y la arquitecta Margaux Perrin. El encanto es que no hay pasillos, sino calles estrechas de piedra que conectan los edificios. Además, se restauraron tres residencias más, con lo que el Hôtel Crillon le Brave llega a doce casas y suma nueve habitaciones nuevas, pensadas para familias y grupos.