Creer que ya lo sabes todo sobre el orgasmo es un error. El placer no siempre necesita ser provocado de forma consciente. Puede aparecer en medio de la noche, durante una sesión de abdominales o incluso en la sala de partos. Estas tres situaciones inesperadas recuerdan una realidad que con frecuencia se pasa por alto: el orgasmo no se limita al sexo.
Orgasmo nocturno: disfrutar mientras duermes
La existencia de los orgasmos nocturnos fue documentada por Alfred Kinsey a mediados del siglo XX y hoy ya no está en duda, aunque no todas las personas los experimentan. Un estudio publicado en 1986 en The Journal of Sex Research encontró que el 37 % de las mujeres había tenido al menos un orgasmo mientras dormía.
¿Significa esto que siempre son consecuencia de un sueño erótico? No necesariamente. Aunque suelen producirse durante la fase REM —la etapa del sueño en la que soñamos—, el contenido de los sueños no siempre está relacionado con el orgasmo.
La explicación podría estar en la actividad fisiológica natural del cuerpo. Mientras dormimos, el clítoris y la vagina siguen recibiendo irrigación sanguínea y experimentan cambios similares a los que ocurren durante la excitación sexual. El clítoris puede presentar erección y la vagina lubricarse de manera involuntaria, como parte de un proceso normal de oxigenación de los genitales, algo que también sucede en los hombres. En algunos casos, esta respuesta puede culminar en un orgasmo sin necesidad de estimulación genital directa, lo que demuestra el importante papel que desempeña el cerebro en la respuesta sexual.