Nadie quiere ser una princesa. Gracias, Meghan

En un mundo donde se cree que las princesas deben ser salvadas, llegó Meghan a rescatar a un príncipe.

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Meghan Harry
Getty
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Por: Dorotea Castellanos

Pasó el 19 de mayo de 2018. El paradigma Disney se cumplía en su máxima expresión: el príncipe se enamoró de la plebeya y “la convertía en princesa”. ¿Su carrera, sus amigos y su país? ¡Bah! “Es un cuento de hadas” decían. Y así, la boda real entre Meghan Markle y el príncipe Harry Charles Albert David de la Casa de Windsor, reforzaba una fantasía impuesta en la que el matrimonio es el punto de inflexión para vivir felices para siempre. Qué importa si quizá no tan felices mientras lo hagan dentro de una jaula de oro…

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Tan solo un año y ocho meses después, los duques de Sussex vuelven a convertirse en el titular de todos los tabloides. ¿Por qué? Porque hay vida más allá de la Corona y han decidido vivirla. Con el mismo escrutinio con el que han vivido desde el comienzo de su relación, Meghan y Harry han sido destrozados a nivel mediático por tomar el control sobre sus propias vidas. “Ella sabía en lo que se metía”, “está rompiendo con la tradición”, “lo está alejando de su familia”, son algunos de los comentarios que sus detractores han usado para juzgarla. Hago hincapié en el uso del singular femenino porque la crítica patriarcal la ha culpado a ella.

Los encabezados más recientes hablan sobre las primeras apariciones de Meghan Markle lejos de la Corona y el protocolo, vistiendo ropa de mortal y haciendo actividades mundanas como pasear a sus perros, caminar con su hijo o manejar al aeropuerto. Pero también destacan con asombro que se le ve FELIZ. No debería haber sorpresa en ver a una mujer realizada, incluso la reina admitió en su comunicado más personal que entendía el escrutinio al que se habían visto sometidos y que, siendo honestos, no iba a mejorar. Meghan y Harry tuvieron el valor de admitir que no se sentían cómodos en el lugar donde estaban parados y el coraje de salir de una situación que los hacía infelices. “He tomado un paso adelante en lo que espero que sea una vida más pacífica” ha dicho Harry.

¿Qué es lo que nos duele de la renuncia y de la decisión ajena -sobre la que en primer lugar ni siquiera deberíamos tener opinión-? Quizá sea el cambio de narrativa… la princesa que no fue rescatada por un príncipe y que tampoco vivió feliz para siempre. En esta historia, que nos demuestra la cara más real del matrimonio, es ella quien ha rescatado al príncipe para permitirle -finalmente- ser la versión más honesta de él mismo, lejos de las imposiciones que toda su vida le obligaron a reprimirse. Es un recordatorio de que “tenerlo todo” puede significar nada.

Él siempre fue el príncipe rebelde, pero hoy se corona como el rey con su mayor acto de rebeldía, poner su salud mental y seguir a Meghan a una nueva vida, una en la que puedan vivir en paz. No importa si todos los pronósticos parecen estar en su contra, porque han encontrado el uno en el otro un lugar para ser valientes. Nos encanta verte feliz Meghan, nos encanta verte auténtica y gracias por recordarnos que en 2020, nadie quiere ser una princesa.