Durante un viaje reciente, estuve a punto de quedar deslumbrada por el destello que salía del anular de otra viajera. Llevaba un diamante de proporciones épicas; hablamos de un brillo digno de Hailey Bieber o las Kardashian. Como buena girl’s girl, no pude evitar felicitarla por su anillo. Ella se rió.
—¿Este? En realidad es de Amazon.
No podía creerlo.
Entonces me explicó que lo había comprado para usarlo en el gimnasio, cuando viaja o en cualquier situación en la que considere arriesgado llevar su anillo de diamantes verdadero. Una idea brillante.