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Entre templos y villas: la propuesta arquitectónica de Casa Sal

Entre la selva y el Pacífico, este nuevo hotel boutique combina arquitectura, diseño y bienestar para hacer del descanso toda una experiencia.
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Casa Sal, el nuevo refugio en Oaxaca. (Cortesía)

Hay lugares que invitan a escapar de la rutina y otros que nos hacen cuestionar por qué vivimos con tanta prisa. Casa Sal , el nuevo refugio de hospitalidad de Tasman en Puerto Escondido, pertenece a la segunda categoría. Rodeado de selva, manglares y el océano Pacífico, este hotel boutique propone una versión del lujo que tiene poco que ver con los excesos y mucho con el arte de estar presente.

A 45 minutos del aeropuerto de Puerto Escondido, la propiedad ocupa cinco hectáreas de vegetación y 451 metros de playa privada. Su arquitectura dialoga con el paisaje a través de materiales como barro, piedra y madera, trabajados en colaboración con artesanos locales. El resultado es un espacio donde el diseño no busca imponerse sobre la naturaleza, sino convertirse en una extensión de ella.

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Dormir entre la selva y el Pacífico

Casa Sal cuenta con diez villas privadas distribuidas entre la vegetación, cada una con alberca y vistas al océano. La más grande, Acuario, se desarrolla en dos niveles e incluye un rooftop frente al mar. Aquí, la privacidad y la conexión con el entorno se convierten en los verdaderos protagonistas de la experiencia.

Pero más allá de sus habitaciones, lo que distingue a Casa Sal es su manera de entender los espacios. La propiedad alberga cuatro templos dedicados a distintas experiencias de bienestar, donde la arquitectura también forma parte del ritual.

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Casa Sal, el refugio en Oaxaca que nos invita a bajar el ritmo (Ricardo de la Concha)

Arquitectura para reconectar

El Templo de Yoga, con su techo de madera tejido en espiral, está pensado para sesiones privadas de movimiento y meditación. Por su parte, el Templo del Sonido utiliza ladrillos y arcos curvos para crear un ambiente envolvente destinado a experiencias sonoras y sesiones con cuencos tibetanos.

La propuesta continúa con un temazcal construido entre piedra y barro, ceremonias guiadas y rituales al aire libre bajo la sombra de un árbol milenario. Porque, en Casa Sal, el bienestar no se limita a un tratamiento de spa: está presente en la forma de habitar cada espacio.

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Casa Sal, el refugio en Oaxaca que nos invita a bajar el ritmo (Ricardo de la Concha)

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El sabor de Oaxaca también es parte del viaje

La experiencia se completa en Copal, el restaurante de la propiedad, donde el chef Miguel explora los ingredientes y sabores regionales a través de una propuesta que va de los brunches a las cenas privadas. Entre sus experiencias destaca una cena a ciegas que invita a descubrir la gastronomía desde una perspectiva sensorial.

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Casa Sal, el refugio en Oaxaca que nos invita a bajar el ritmo (Ricardo de la Concha)

En un momento en el que viajar también significa buscar nuevas formas de reconectar con nosotros mismos, Casa Sal apuesta por algo aparentemente sencillo: bajar el ritmo. Y quizá ese sea el verdadero lujo de nuestros tiempos.

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Oaxaca Hoteles Puerto Escondido
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