Hay inventos que vienen para revolucionar incluso nuestras más arraigadas tradiciones y algunas veces, surgen de preguntarse: ¿qué pasaría si esperamos un poco más? El origen del tequila reposado es, en cierta manera, algo así. Su historia se remonta hasta Amatitán, Jalisco, para ser precisos en Casa Herradura, una de las casas tequileras más antiguas de México. Fundada en 1870, ahí el tequila se ha elaborado durante más de siglo y medio bajo una premisa bastante sencilla: algunas cosas necesitan tiempo.
¿Te has preguntado cómo se inventó el tequila reposado?
En 1974 Herradura lanzó el primer tequila reposado comercial del mundo, estableciendo así una nueva forma de entender y beber este destilado. La idea estaba en encontrar un punto intermedio entre conservar la personalidad y frescura del tequila, pero que se notara el paso por barrica que aportaba nuevas capas de sabor y complejidad. Así nació una expresión que terminaría convirtiéndose en una categoría fundamental del tequila.
El proceso del tequila reposado
Pero antes de llegar a la barrica, la historia comienza en el campo. Herradura utiliza agave azul cosechado a mano cuando alcanza su madurez. Las piñas pasan por hornos tradicionales de mampostería y después por una fermentación 100% natural durante tres días. Incluso el entorno participa: los árboles frutales y cítricos que rodean la casa favorecen naturalmente las distintas levaduras presentes en el proceso.
Después llegó aquel cambio que hizo historia: el reposo en roble. Es en esta parte del proceso donde el tiempo en que se deja descansar el líquido, suaviza, transforma y suma carácter al tequila sin borrar aquello que lo hace reconocible.
Más de cincuenta años después de aquel lanzamiento, pedir un reposado ya es cosa común. Pero detrás de esa denomición que hoy encontramos en cualquier barra existe una innovación mexicana que ayudó a transformar el mundo del tequila.