Primero había que tener una rutina de skincare. Después correr un maratón, aprender cerámica, jugar pádel, pertenecer a un club de lectura, tomar fotos en film, hacer pilates y, de paso, dominar alguna receta que se viera suficientemente bien en Instagram. En algún momento, tener hobbies dejó de ser una forma de pasar el tiempo y comenzó a sentirse como otro trabajo.
Internet encontró un término perfecto para describirlo: hobby-maxxing, la idea de llenar prácticamente cada espacio libre con actividades que nos hagan sentir más interesantes, productivos o realizados. Y como suele ocurrir cuando llevamos cualquier tendencia al extremo, ahora estamos empezando a querer exactamente lo contrario.