El regreso de las nuevas generaciones al LSD y las drogas psicotrópicas

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Si bien el LSD (dietilamida de ácido lisérgico) fue descubierto en 1938 por Albert Hoffman, no fue sino hasta finales de la década de los 60 cuando se popularizó su uso como una de las drogas psicodélicas ligadas a los movimientos internacionales de “Amor y Paz”.

Un par de años después, los gobiernos comenzaron a prohibir su uso, incluso en estudios de laboratorio. Han transcurrido 50 años del apogeo de la droga y debido a nuevos textos, parece cobrar fuerza, aunque alejado de aquellos años de música y libertad.

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El periodista Michael Pollan ha publicado el libro “How to change your mind” (Cómo cambiar tu mente), y en él aborda, entre otros temas, lo que la nueva ciencia de la piscodelia puede enseñar sobre conciencia, adicción, depresión y trascendencia.

El libro muestra pasajes autobiográficos y se presenta a manera de ensayo/crónica de viajes/anécdotas y busca dar un poco de luz a quienes han traído a la psicodelia de vuelta a los laboratorios.

Este libro ha dado mayor exposición al renovado movimiento al conseguir portadas en publicaciones de prestigio, como Times Literary Supplemet o el suplemento dominical de The New York Times.

Gracias a esta publicidad, salieron a la luz nuevas publicaciones sobre la popularización del uso de dosis pequeñas de LSD en comunidades pequeñas, como Silicon Valley, según afirma un texto el diario El País (Otra vuelta al verano del amor).

El consumir ha dejado de la do la idea de “viajar por horas” y la pequeña dosis le permite únicamente despertar su creatividad, sin alucinaciones de por medio, ayudando a la concentración.

Pero no es la única droga que se ha comenzado a usar con ese fin, pues se recogen textos que narran el uso de la ayahuasca (DMT), que es una decocción de plantas amazónicas. Los chamanes de la región guiaban, desde hace siglos, los viajes y hoy se utiliza, también, para desbloqueos emocionales, o salir de alguna adicción.

En México también se vive un resurgir de los hongos alucinógenos. La moda impuesta por María Sabina ha encontrado una nueva fuerza y la psilocibina (el principal activo de los hongos) se investiga para combatir la ansiedad y depresión.

El periodista y escritor afirma en su libro que él no encontró registro alguno de muerte ocasionada por alguna sobredosis de LSD, lo que ha promovido su uso.

Pero no es el único autor que ha explorado el tema, pues la escritora Ayelet Waldman ha publicado “Qué buen día. Tomar microdosis de LSD cambió mi vida”, en donde explica su experiencia al ser diagnosticada de trastorno bipolar tipo II.

Waldman afirma que “dos gotitas” (5 microgramos por gota) le cambiaron la vida.

Y mientras los laboratorios de todo el mundo quitan las restricciones sobre estudios con LSD y drogas psicodélicas, personas sin estudios necesarios para administrar las dosis correctas hacen su agosto, mientras “guían” a los interesados a ese supuesto despertar de la mente y las ideas.

La psicodelia está de vuelta. Aunque el toque de rebeldía y libertad de antaño siga en espera.