¿Las series mexicanas son telenovelas? ¡Esta es la razón por las que las amamos tanto!

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La Casa de las Flores y Luis Miguel, la serie son telenovelas disfrazadas de series, pues aunque tienen toques modernos, tienen todas las características de un melodrama. Sí, existe la lucha entre el bien y el mal, hay traiciones, secretos, la típica música que te acompaña en los momentos alegres y de tensión, sin embargo, este culebrón moderno no tiene personajes buenos ni malos, es decir, todos tienen sus matices.

¿Y por qué nos siguen gustando las telenovelas a los mexicanos? Uno, porque nos encantan las víctimas, nos fascina ver al “pobre” de Luis Miguel buscando a su madre y Verónica Castro sufriendo y haciendo todo lo posible para que su familia no se separe. Sin embargo, lo que más nos atrae, son los elementos de la vida cotidiana con los que el espectador se siente identificado y experimenta esa catarsis con los personajes. Como dice Eric Bentley (1964) en su obra La vida del drama describe esta idea de la siguiente manera: “La compasión es autocompasión”. Así es que si lloras porque Luis Mi no ha encontrado a su madre, en realidad no estás sintiendo compasión por el cantante sino por ti mismo.

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Según un texto de la Universidad de Palermo, cada personaje cumple un rol específico dentro del melodrama común: La víctima (personaje principal); el villano; el justiciero y el patiño, que aporta un poco de humor a la historia. Este esquema se cumple en su mayoría, sin embargo hay sus excepciones, pues en la telenovela moderna, como mencionábamos anteriormente, ninguno de los personajes es bueno ni malo, todos tienen sus tonalidades de grises. En La Casa de las Flores por ejemplo, al final “Diego Olvera” (spoiler alert!!!) se roba el dinero de la familia, aunque la realidad es que lo hace por despecho, pues todo el tiempo estuvo enamorado de “Julián de la Mora”.

Esto sin duda nos los confirmó Manolo Caro, director y creador de La Casa de las Flores, quien aseguró estar feliz de que digan que su serie es una reinvención de las telenovelas, ya que utilizó al melodrama como género principal en la estructura de su serie, además de elementos como las relaciones familiares, y la búsqueda de la felicidad, características principales del melodrama de los años 80’s.

“Con esta serie tuve el privilegio de ahondar en los personajes… Puedes odiar a “Paulina de la Mora” en los dos primeros episodios y de repente la amas, te das cuenta que tiene defectos terribles en la educación de su hijo, sin embargo, después te percatas que lo ha hecho de la mejor forma posible y la terminas amando”.

“El personaje de Aislinn (“Elena de la Mora”) quiere encontrarse a sí misma, pero su mamá es tan fuerte, tan clave en su vida, siempre la está juzgando, la pone nerviosa y no la deja encontrar su personalidad. Estos temas no convierten a Virginia en villana, ni en una víctima, sino son tintes, son relaciones que se construyen con mucho tiempo y son desgastantes porque están basadas en un amor donde no quieres que le hagan daño a los tuyos”.