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El arte como vehículo de salvación: 20 años de la galería Hilario Galguera

La Galería Hilario Galguera celebra dos décadas de guiar el arte contemporáneo de México.
vie 24 abril 2026 07:25 PM
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El arte como vehículo de salvación: 20 años de la galería Hilario Galguera (Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

En una esquina de la Colonia San Rafael se alza una casona porfiriana con la dignidad de otra época. Desde afuera parece anclada al tránsito, al ruido y a la velocidad de la capital, pero basta cruzar su puerta para que el contexto se deslice. Adentro, la Galería Hilario Galguera te recibe con un patio que depura los sentidos y te prepara para las exposiciones que alberga en su segundo piso. Nos dan la bienvenida una pieza in situ de Daniel Buren que enmarca las escaleras, una fuente, y un tragaluz que al terminar el invierno se pinta del lila de una jacaranda desbordada, como si ella también quisiera presenciar este espacio etéreo.

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La primera vez que entré fue en diciembre de 2020, cuando todavía aprendíamos a existir en la incertidumbre de la pandemia. Las galerías enfrentaban cierres intermitentes, ventas paralizadas y la fragilidad de un ecosistema cultural en pausa. Con cita previa y cubrebocas, fui con mi novio en un intento de replicar la vieja vida. Al subir las escaleras nos recibió una exposición en penumbra: “Post tenebras spero lucem, después de las tinieblas, la luz. Las obras de la exposición emergían invitándonos a un viaje donde la esperanza no niega la oscuridad, sino que nace de atravesarla. El arte como vehículo de salvación, escribió Hilario Galguera en el texto curatorial. Salí conmovida; con una fuerza renovada para enfrentar los tiempos que vivíamos. Quizás fue la primera vez que verdaderamente entendí lo trascendental del arte. Un año después me integré al equipo de la galería, donde trabajé durante dos años y fui descubriendo las múltiples historias de las que este lugar ha sido testigo.

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Vista de sala de la exposición “Post Tenebras Spero Lucem”, 2020, Galería Hilario Galguera, México.
(Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

Hace 20 años, en febrero, las jacarandas ya rodeaban a la casona y más de 70,000 personas entraron por esa misma puerta para ver la muestra inaugural de la galería, “La muerte de Dios: hacia un mejor entendimiento de la vida sin Dios a bordo de la nave de los locos”, la primera presentación de Damien Hirst en Latinoamérica. La exposición rompió con la idea de que México era únicamente una periferia receptora. “Fue un punto de inflexión importante, a partir de ese momento todo el sistema se dio cuenta que había vida más allá de las fronteras”, me dice Hilario Galguera, recordando aquel proyecto que le cambió la vida. Formado originalmente como arquitecto, Galguera abandonó todo en los años noventa para dedicarse al arte, sin éxito. Después de creer que se retiraba definitivamente de ese mundo, conoció a Damien Hirst, quien lo convenció de abrir su propia galería. “La exposición reafirmó lo que yo pensaba, que el arte podía ser un acto de redención y de resurrección”, expresa el galerista.

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Desde ese momento, se ha dedicado a exhibir a artistas que se definen por una profundidad conceptual y técnica. La exposición con la que celebran 20 años, Index VII: XX es un resumen elocuente de ello. En la primera sala se encuentra una pieza de Damien Hirst con dos esculturas de Willem Boel, la primera y la última muestra en presentarse aquí en diálogo. A su lado, una fotografía de David Bailey retrata rosas flotando en el agua, quizás un homenaje sutil a la cofundadora de la galería y esposa de Hilario, Rosa María Ortega. “El propósito que tiene la exposición, es mostrar piezas de algunos nombres que han sido los más significativos en la historia de la galería, para dar una idea de cuál es nuestro espíritu y concepto”, me dice Hilario.

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Vista de sala de “Index VII: XX”, en Galería Hilario Galguera, México.
(Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

El recorrido sigue, con dos salas que replican exposiciones pasadas, otra donde conviven piezas de artistas como Jannis Kounellis, Peter Bouggenhout, Marie Cloquet, Enrique Ježik y Gabriel O’Shea, para terminar en una sala con obras de Bosco Sodi. En todas las piezas, el hilo conductor es la búsqueda de la belleza en todos sus matices, a la que este espacio le ha dedicado las últimas 2 décadas. Al felicitar a Hilario por 20 años de su galería, sonríe y me dice, “veinte años de resistencia”. Una frase que engloba, no solo los puntos bajos y altos que ha atravesado la industria de arte durante este tiempo, ni los retos con los que este equipo en específico se ha enfrentado, sino la tendencia que ha tenido la Galería de posicionarse en contra corriente. Sin seguir tendencias, ni concepciones de lo que debe hacer una galería establecida.

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Vista de sala de “Index VII: XX”, en Galería Hilario Galguera, México.
(Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

La celebración de aniversario lo demostró, empezó durante la semana del arte y la galería tomó la decisión controversial de no participar por primera vez en Zona Maco. En su lugar, quisieron conmemorar este hito, “Estamos festejando, queremos enfocar todo nuestro esfuerzo en eso”, me dice el director de la galería, Victor Mendoza durante una de sus inauguraciones. La celebración se esparció por la ciudad, con dos sedes adicionales extendiendo la narrativa de Index VII: XX, uno en la colonia Condesa y otro en Las Lomas. “En la galería principal, tenemos lo que nos ha definido como galería, pero para mí, estos dos espacios nos apuntan al futuro”, dice Mendoza. En estas exposiciones se mezclan artistas que representan y artistas que han sido colaboradores recientes: Stefan Sagmeister, Maisie Cousins, Kikyz1313, Daniel Lezama, Oliver Marsden, Erick Saucedo López y Natalia Sosa Molina, por nombrar algunos. También tuvieron una fiesta que se materializó con “I’m Not on the List”, un showcase de bandas mexicanas experimentales, donde convivió la música y el performance con proyectos como Muto Tapes y Carrion Kids. La noche se sintió como un gesto de rebeldía.

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Vista de sala de “Index VII: XX”, Condesa, Ciudad de México. (Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

Unos días después, platicando en la oficina que alguna vez compartimos, Victor Mendoza me cuenta de los últimos veinte años. En el 2006 se integró como diseñador gráfico, pero el tiempo y la vida fueron forjando su camino, hasta que se convirtió oficialmente en director de la Galería, “Mi función como director es tratar de anticipar qué está pasando y qué viene después para que la galería siga creciendo”, expresa. Los momentos memorables son muchos, con anécdotas entrelazadas, pero resume sus recuerdos favoritos con facilidad: “Obviamente, colaborar con los artistas”, me dice, haciendo hincapié en Jannis Kounellis y Daniel Buren. “Me enseñaron mucho como persona”.

Observando la oficina de Hilario, me doy cuenta que solo en este cuarto hay pistas al pasado. Frente al escritorio, te sostiene la mirada una pieza de Peter Buggenhout, el artista con quien la Galería inauguró su espacio en Madrid. Detrás de mí, reposa el boceto de una escultura de Gilberto Aceves Navarro, “El pueblo del sol”, la obra que de cierta manera encaminó a Hilario Galguera a dedicarse al arte.

En 1990 el Museo Metropolitano de Nueva York presentó la exposición “México: Esplendores de treinta siglos”, una muestra itinerante que viajaría al Museo de Arte de San Antonio y al Country Museum of Art de Los Ángeles. Fue en este último que a Hilario se le encargaría el desafío de producir una escultura de gran formato para exhibir enfrente del museo, “Se me ocurrió visitar al maestro Gilberto Aceves Navarro, había ido dos o tres veces a su estudio, que por cierto fue el primer estudio de artista que visité en mi vida.” recuerda Galguera. Hoy esa escultura se encuentra en la Avenida Chapultepec, una de las calles más transitadas de la Ciudad de México y el antiguo estudio de Gilberto Aceves Navarro, se ha convertido en un tipo de centro cultural, albergando los estudios de múltiples artistas y por un tiempo, El Cuarto de Máquinas, el brazo experimental de la galería de Hilario.

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Vista de sala de “Homenaje a Gilberto Aceves Navarro”.
(Cortesía Galería Hilario Galguera.)

Ese tipo de coincidencias y relaciones duraderas parecen parte fundamental de la galería. Lo confirmé cuando Mayra Nakatani me contó cómo empezó a formar parte del equipo. Hilario y Mayra se conocieron en el año 2000, antes de que Galguera tuviera su galería, pero cuando ya se dedicaba a promocionar la obra de artistas como Teresa Margolles y Santiago Sierra. Como art dealer, Mayra recuerda que llevó a un coleccionista a aquella exposición de Damien Hirst en 2006, y haber regresado en múltiples ocasiones. Una amistad de 20 años, en la que han sido testigos de los puntos más altos de la vida del otro y también de los más bajos. Hilario fue una de las personas a las que Mayra le escribió cuando falleció su hijo, y dos años después, falleció también Rosa. “A los pocos meses me habló Hilario para decirme, ‘Mayra, vente a trabajar a la galería’. Y le dije que sí”. Mi mente viaja a aquel texto curatorial, El arte como vehículo de salvación. No es que éste sea capaz de sanar ningún duelo, pero escuchando a Mayra pienso que se lleva distinto cuando el dolor es entendido. Desde entonces, se ha dedicado a ser directora de ventas, “Creo que vamos bien, estoy más apurada por resolver temas del trabajo que cualquier otra cosa”, dice entre risas.

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Hilario Galguera en su galería. (Cortesía de Galería Hilario Galguera.)

Con la intención de terminar nuestra conversación volteando a ver al futuro, le pregunté a Hilario cuál le gustaría que fuera su legado. Al principio, se rió y lo entendí, nosotros no decidimos eso. Pero después de platicar más me confirmó lo que él ve en el arte: “Lo más alto que tiene el espíritu del hombre, que es el arte y la ciencia, puede ser, insisto, un acto de redención para la humanidad”. Su sonrisa de hace unos segundos desaparece, mientras describe las atrocidades que caracterizan al hombre, “Su comportamiento a través de la historia ha sido terrible: depravaciones, devastaciones, guerras inútiles. Pero existe otra parte que es infinitamente más poderosa que todo eso”. Se queda pensando unos momentos, “Son puntos difíciles de encontrar, pero si los encuentras todavía hay esperanza de volvernos dignos de nuestra existencia.” Le pregunto,“¿De la luz después de las tinieblas?” y sonríe, “De la luz después de las tinieblas”.

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