¿Podría IKEA en México afectar a la industria del diseño nacional?

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Hace menos de una semana, México se volvió loco con la noticia de la incursión de IKEA en nuestro territorio. Una publicación en Linkedin en la que anunciaban un par de vacantes en nuestro país fue el chispazo que encendió un fuego mediático que ha derivado en un furor colectivo. El sitio de internet de la marca asegura que tienen una oficina en la Ciudad de México desde 2017 y que están decididos a traer un poco de Suecia a nuestro país.

Poco a poco se han revelado algunos detalles, a pesar de que todavía no han sido completamente confirmados por la marca: que su primera tienda estaría en Guadalajara, que podría abrir en algún momento de 2019 y que están interesados en contratar a los mejores para ocupar los puestos que esta apertura supondría.

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Siendo una de las personas que cada vez que viaja al extranjero consulta Google Maps para saber si hay un IKEA cercano a mi destino y, de ser así, deja espacio libre en su maleta para poder traer de vuelta algún artículo para mejorar el aspecto de mi hogar, aplaudí la decisión de la marca de incursionar al mercado mexicano. Es más, aún tengo unos juegos de cubiertos de la marca sin estrenar, en espera de una ocasión especial que lo amerite.

Con 75 años de existencia, IKEA está presente en 49 países, da empleo a 195 mil empleados alrededor del mundo y en 2017 inauguró su tienda número 400 en Serbia. A lo largo de todo este tiempo se ha mantenido fiel a su visión de crear una mejor calidad de vida para las personas ofreciendo una amplia gama de productos para el hogar –bien diseñados y funcionales– a precios tan bajos que una gran cantidad de personas pueda comprarlos. Y es así que uno entiende por qué sus tiendas son como un parque de diversiones para estudiantes que salen por primera vez de casa y compartirán un apartamento con roomies, matrimonios jóvenes, padres que amueblan la habitación de su primer bebé o adultos que deben reapropiarse de su casa una vez que los hijos se han independizado. Todos podemos encontrar en IKEA un mueble, utensilio o herramienta que se adapte a nuestro presupuesto y nuestro espacios, casi todos podemos pagarlo, y, muy probablemente, todos estemos de acuerdo en que la relación calidad-precio supera nuestras expectativas.

En este contexto, en el que las viviendas cada vez son menores; los sueldos, más apretados y la necesidad de tener un hogar en el cual refugiarnos de la vorágine diaria, mayor; IKEA ha dejado ver un proyecto que es como la luz al final del túnel entre quienes han tenido la oportunidad de visitar sus tiendas y comprar sus productos. ¿Quién no se ha acostado en una de sus camas recordando aquella escena en la que Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel bromean diciendo que una familia china los espía desde su cocina en “500 días con ella”?

Sin embargo, varias preguntas rondan mi cabeza ante este anuncio. La primera es si IKEA no perderá parte de su “magia” de la misma manera en que marcas que no tenían presencia en México lo hicieron una vez que decidieron incursionar directamente en nuestro país. A pesar de que GAP y Old Navy no están posicionadas como marcas de lujo en Estados Unidos, sus prendas eran un tanto más deseables antes de abrir sus boutiques en México. ¿Podría la percepción de los consumidores mexicanos cambiar?

La segunda es: ¿De qué manera afectará el furor por la marca sueca a las firmas que atienden actualmente a este mercado? El diseño escandinavo ha sido por años uno de los más distinguibles y aclamados del mundo. En una zona geográfica en la cual las bajas temperaturas imponen su autoridad la mayor parte del año, tener un hogar acogedor, cálido y estéticamente atractivo es más una estrategia de supervivencia que un capricho. En Dinamarca conceptos como el de “hygge” (comodidad) y “lagom” (moderación) son los pilares sobre los cuales se ha cimentado la filosofía del diseño. Suecia y, por lo tanto IKEA, no son ajenos a ellos.

Hace unos meses, el diseñador mexicano Ariel Rojo me compartió la que pare él es la función del diseño en la actualidad. “El diseño debe contribuir a que la vida de las personas sea mejor. Eso aplica a una taza, a la banca de un parque, a una lámpara, al transporte público o a la señalización de las calles”, me decía. Su visión no es en absoluto opuesta a la de IKEA, pero ¿por qué preferimos comprar las creaciones de una marca originada en un contexto tan distinto al nuestro? Tal vez es porque casi siempre tenemos la mirada puesta en el exterior y sólo hasta que alguien de fuera viene y se sorprende con los diseños que se crean en México le damos su verdadero valor.

El diseñador Joel Escalona, fundador del estudio del mismo nombre y miembro de Cooperativa Panorámica, no difiere con las opiniones de Rojo. Por su parte, está convencido de que intentar encasillar el diseño mexicano en una gama de colores, texturas o formas es un absurdo. En nuestro país el diseño es una respuesta ingeniosa al caos, al desorden e, incluso, a la anarquía. El problema, en ocasiones, es que estando inmersos en esos contextos, muchas veces no somos capaces de apreciar el verdadero valor de todas las piezas que surgen en ese caos creativo de la misma manera que lo hace alguien con una mirada fresca. “Debemos entender que IKEA ha visto un mercado en México con necesidades específicas y es una marca dispuesta a satisfacerlas”, sostiene.

 

En México existen marcas que ofrecen sillas, mesas, sofás, camas, textiles y toda la gama de productos que se pueden encontrar en IKEA. También es cierto que muchas de ellas no han apostado por diseños funcionales, modernos y que se adapten al estilo de vida de los compradores, sino por importar productos extremadamente económicos que en su mayoría son copias y que, en opinión de Escalona, “hacen un gran daño a la industria creativa y, sobre todo, al sector mueblero que sí diseña, fabrica y comercializa sus propios productos”. Las críticas podrían centrarse, entonces, en la poca calidad de los materiales y la mano de obra nacional, afirmaciones que resultan falsas. Una prueba de ello es que muchos de los muebles que se venden en las tiendas de la marca Crate & Barrel alrededor del mundo son fabricados en México con materias primas y métodos artesanales también provenientes del país. Muchos de ellos poseen los rasgos inconfundibles de lo “Hecho en México” y son precisamente esos los que nos hacen tener una conexión emocional con ellos, así sea de forma inconsciente, cuando los vemos exhibidos en San Francisco o Nueva York.

Es entonces cuando tenemos que hablar de la experiencia de compra. IKEA ha perfeccionado la exhibición, de modo que cualquier comprador puede visualizar sus espacios si adquiere las piezas que han sido de su agrado. La cultura del “Hágalo usted mismo” es otra de sus fortalezas, pues todos saben que parte de la experiencia será llegar a casa y ensamblar pieza por pieza su mesa, buró o cama. Ese es parte del encanto que rodea a la marca. Y desde luego, el precio. La mayoría de los compradores saben que están adquiriendo un producto bien diseñado y totalmente funcional que, tal vez no le durará toda la vida, pero que resistirá el tiempo suficiente hasta que pasen a otra etapa de su vida.

No voy a negar que estoy entre esas personas que recibirán a IKEA con los brazos abiertos. Sin embargo, también tengo claro que el talento, la infraestructura, las materias primas, las técnicas y conocimiento del mercado también se tienen internamente. Firmas nacionales como GAIA están haciendo un muy loable esfuerzo para hacer frente a este nuevo competidor y defender el marcado que han ido ganando con sus apuestas por el diseño. Philippe Cahuzac, CEO y cofundador de la marca, sostiene que su modelo de negocio está más enfocado hacia “los graduados de IKEA” y está convencido de que, frente al Goliat que represente la marca sueca, ellos pueden ser un gran David.

Probablemente haya que encontrar esa mezcla exacta entre calidad y precio que hace tan irresistible a IKEA o tal vez haya que tomar la decisión de no competir en precio y apostar por una propuesta impecable y auténtica que a la vez esté profundamente arraigada en la riqueza artesanal del país. Firmas como La Metropolitana, Cuchara Diseño, David Pompa y los estudios de Ariel Rojo, Joel Escalona y Héctor Esrawe son una pequeña muestra. Las alternativas son diversas y deben ser exploradas. Cahuzac, por su parte, ve en este escenario una oportunidad para fortalecer los pilares de su marca: ubicaciones accesibles, entrega rápida, muebles que llegan prácticamente armados, trabajo con diseñadores mexicanos y manufactura nacional.

Poco a poco nos iremos enterando de los planes de IKEA para México. No dudo que su presencia en Guadalajara convierta a esta ciudad en el nuevo destino para quienes deseen adquirir sus productos y transforme su rostro. Tampoco dudo que México tiene la capacidad y el talento para generar un efecto similar con propuestas en las que convergen el talento, la habilidad, la capacidad productiva y el ingenio. A decir de Escalona dos cosas deben pasar para profesionalizar el sector del diseño mexicano. Primero, actualizar los planes de estudio de las universidades, de modo que se cubran las necesidades de la industria y del mercado actual. El siguiente, ofrecer la oportunidad de realizar prácticas en empresas que permitan a los recién egresados adquirir una visión real del trabajo en el sector.

Espero que no tengan que pasar 75 años para que una marca de diseño mexicano anuncie la apertura de una tienda en un nuevo país y la reacción sea similar a la que hemos vivido los últimos días en el país. Cuando eso ocurra, mi emoción seguramente será igual o mayor a la que he sentido estos últimos días.