Desde su colección debut, el mundo de la moda no ha dejado de enamorarse del Chanel de Matthieu Blazy . Las razones son muchas: su respeto por el pasado, siempre equilibrado con modernidad y juventud; su manera de abrazar el color y, sobre todo, esa mezcla de complejidad y juego con la que aborda el diseño. Sin embargo, pocas cosas han sido tan celebradas como la sensación de alegría y libertad que transmiten sus colecciones, una idea que se sintió más presente que nunca durante la presentación de primavera/verano 2027 de Chanel.
Chanel toma vuelo para primavera/verano 2027
Dentro del Grand Palais, una bandada de patos de pico naranja sobrevolaba la pasarela. Suspendidos por cables desde la enorme cúpula e iluminados desde el interior, sus alas abiertas adelantaban el concepto de una colección inspirada en la libertad de volar.
Pero antes de despegar, Blazy regresó al punto de partida: los orígenes de Chanel, antes de convertirse en una maison y cuando todavía era simplemente el apellido de una mujer que estaba a punto de cambiar para siempre la manera de vestir.
El primer look fue un vestido lencero transparente, fruncido desde el busto hacia abajo y acompañado por unos briefs de jersey visibles debajo. Sobre el pecho todavía podían percibirse las líneas de unas varillas que recordaban a los corsés contra los que la propia Gabrielle Chanel se rebeló, mientras que del centro nacía una flor creada con plumas blancas y negras.
En la mano de la modelo aparecía además el icónico bolso 2.55 de Chanel, prestado directamente de los archivos Patrimoine de la maison. El segundo look retomó prácticamente la misma idea, aunque esta vez el vestido se convirtió en falda y un cárdigan a juego le dio al conjunto una sensación ligeramente más adulta.
Ese delicado fruncido volvió una y otra vez en las reinterpretaciones que hizo Blazy del emblemático traje de falda de Chanel, una de las grandes obsesiones de la colección.
En sus primeras versiones, los conjuntos se sentían ligeros y pegados al cuerpo, con faldas casi imperceptibles que flotaban alrededor de la silueta. Algunas estaban envueltas cuidadosamente en pequeñas cuentas; otras parecían cubiertas de diminutas flores tejidas que acababan de caer de un árbol.
Después llegó un tweed mucho más ligero, convertido en chaquetas cuadradas ligeramente cropped y chalecos, seguido por un intrincado tejido de fibras mixtas que tomó forma en chaquetas ornamentadas, faldas bordadas y botas-calcetín hasta la rodilla.
El Chanel de Blazy quiere moverse
De vez en cuando, las múltiples reinterpretaciones del traje de falda cedían su lugar a vestidos espectaculares.
Primero aparecieron un par con escote barco —una silueta que Chanel popularizó durante los años treinta y que Blazy retomó varias veces en la colección— de cuyas caderas brotaban grandes volúmenes de tul de seda.
Después llegaron vestidos de cintura caída inspirados en aquella misma década, delicadamente bordados con motivos florales y acompañados por varias vueltas de collares alrededor del cuello. Uno de ellos estaba cubierto completamente de lentejuelas negras. Pero el momento en el que la colección realmente comenzó a tomar vuelo llegó con dos vestidos creados a partir de capas de transparencias de seda estampada con diferentes pesos.
El primero mezclaba azul y rosa pálido en un estampado que parecía un cielo cubierto de nubes y representaba las primeras horas de la mañana. El segundo era negro, moteado y salpicado de estrellas para representar la noche.
Ambos se inflaban y flotaban alrededor de las modelos mientras caminaban, creando la sensación de que, con solo abrir los brazos, podrían despegar del suelo.
Un nuevo tweed para una nueva era de Chanel
Esa libertad de movimiento anticipó el gran cierre de la colección: la presentación del nuevo smocked tweed de Chanel.
La rigidez que normalmente asociamos con el tweed desapareció gracias a una innovación técnica que lo transforma en un material mucho más ligero, flexible y elástico. Blazy lo convirtió en faldas, chaquetas, blusas y camisolas con las que, literalmente, sería posible correr, saltar y moverse sin problema.
Desde sus inicios, Chanel se ha construido alrededor de la idea de rechazar la ropa restrictiva que se esperaba que llevaran las mujeres. Y si el jersey fue una herramienta de liberación para Gabrielle Chanel, este nuevo tweed fruncido parece querer ocupar el mismo lugar dentro del vocabulario de Matthieu Blazy. El final del desfile cerró el círculo.
La misma modelo apareció sosteniendo el mismo bolso de los años cincuenta del inicio de la colección. Esta vez, sin embargo, llevaba un traje de falda confeccionado en smocked tweed que se sentía inconfundiblemente actual.
El día se convierte en noche, el principio regresa para construir el final y Matthieu Blazy termina de abrir el camino hacia una nueva era de Chanel que, por ahora, solo parece querer seguir volando.
Este artículo fue publicado originalmente en ELLE Australia .