¿Por qué el diseño mexicano tiene que parecer mexicano?(Cortesía de las marcas)
Ulises García
Cada septiembre, México parece volverse más mexicano. Las calles, los aparadores y las campañas se llenan de bordados, flores, grecas y sombreros que prometen condensar un país entero en una imagen. Durante algunas semanas, la identidad nacional se convierte en una estética fácilmente reconocible y, por lo tanto, también fácil de vender.
Pero ¿es eso realmente diseñar desde México? Hablar de diseño mexicano supone preguntarnos qué esperamos de una marca que se presenta como mexicana y por qué necesitamos ciertos colores, materiales o símbolos para reconocer su origen. La pregunta nos involucra a todos: a quienes crean, pero también a quienes miramos y compramos.
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¿Por qué esperamos que el diseño mexicano se vea de cierta manera?
Durante mucho tiempo, el diseño mexicano ha sido observado desde una expectativa casi turística: artesanal, exuberante, emocional e inmediatamente fotografiable. Como si existiera una manera específica de representar al país para resultar atractivo fuera y, a veces, incluso dentro de él.
El problema no está en recurrir a esas referencias. Muchas forman parte de nuestro paisaje y de la manera en que entendemos la belleza. Aparece cuando se convierten en el único lenguaje con el que podemos reconocer lo mexicano. Esa expectativa deja poco espacio para las propuestas que no encajan en la imagen que ya conocemos.
La riqueza textil de México empieza antes del bordado
Reducir la riqueza textil mexicana a una serie de motivos decorativos es ignorar lo que sucede antes de que una pieza exista. En muchas comunidades indígenas y pueblos originarios, crear comienza con la observación del entorno: las fibras disponibles, las plantas que producen tintes, el clima, los ciclos agrícolas y las técnicas heredadas.
¿Cómo se ve el diseño hecho desde México?(AlejandroMunozR/Shutterstock / AlejandroMunozR)
Desde esa perspectiva, diseñar no siempre significa buscar algo completamente nuevo. También puede ser una práctica de continuidad: preservar conocimientos, reconocer el territorio y responder a los recursos cercanos. La identidad está tanto en lo que vemos como en los saberes que hicieron posible esa pieza.
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¿Quién decide cuándo una técnica se convierte en lujo?
La industria de la moda nos ha acostumbrado a celebrar la novedad y la autoría. Una pieza adquiere valor cuando puede relacionarse con un nombre, una marca o una narrativa de innovación. Sin embargo, buena parte de la creación textil mexicana responde a otra lógica: el conocimiento puede ser colectivo, acumulativo y transmitido entre generaciones.
Ese contraste invita a cuestionar cómo asignamos valor. ¿Por qué una técnica puede parecer cotidiana en su comunidad de origen y convertirse en lujo cuando aparece reinterpretada en otro contexto? ¿Por qué a veces necesitamos una mirada extranjera para validar aquello que siempre ha estado frente a nosotros?
Diseñar desde México va más allá de los bordados(Shutterstock)
Para quienes estudiamos diseño, resulta difícil no sentirse atraídos por los estímulos que existen aquí. Pero la cercanía no equivale automáticamente a pertenencia. Crecer rodeados de ciertas expresiones culturales no nos exime de preguntar de dónde vienen, qué comunican y a quién representan. Esa conciencia puede hacer más profunda la creatividad.
Diseñar desde México también puede ser austero, industrial o futurista
También convendría dejar de exigir que todo creador mexicano se convierta en embajador visual del país. Diseñar desde México puede manifestarse en una técnica tradicional, pero también en una cadena de producción, en la forma de resolver la falta de un material o en una sensibilidad construida al vivir aquí.
Una pieza no necesita flores bordadas, magueyes o una paleta estridente para contener esa relación. Puede ser austera, industrial, futurista o difícil de ubicar geográficamente y, aun así, haber sido moldeada por este contexto.
Como consumidores, nos corresponde ampliar la mirada: investigar los procesos detrás de lo que compramos y dejar de confundir autenticidad con folclor. La identidad no siempre aparece estampada sobre la superficie de un objeto. A veces está en quién lo hizo, cómo fue producido, qué relaciones generó y qué visión del mundo propone.
Diseñar desde México no debería significar ilustrar al país una y otra vez. Tal vez lo verdaderamente contemporáneo sea dejar de pensar que México solo puede verse de una manera.