The Self Made Woman: el poder de la ropa para convertirte en quien quieres ser

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Arte ELLE México
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“Si os quedáis, yo prometo entreteneros contando la historia de mi vida”, promete La Augusta en Todo sobre mi madre (Almodóvar, 1999) para después recitar un monólogo de auto-transformación que concluye diciendo: “cuesta mucho ser auténtica, señora, y en estas cosas no hay que ser rácana, porque una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Ese camino hacia la autenticidad, está pavimentado por la moda y por el abanico de oportunidades que ésta representa para la autoexpresión. Esta cualidad es el común denominador de las mujeres que hoy poseen el atributo de íconos. Coco Chanel la encontró en el rechazo a la norma hasta convertirlo en canon; Loulou de la Falaise conquistó con su libertad el espíritu creativo de Yves Saint Laurent; Bianca Jagger lo hizo a través de la rebeldía para dar voz a causas humanitarias e incluso Simone de Beauvoir, con su desenfado casi premeditado al vestir, terminó –aún sin buscarlo- ligando su nombre al de la moda por siempre.

Betty Catroux, Yves Saint Laurent y Loulou de la Falaise (Getty Images)

Porque aunque la docrtina de De Beauvoir condenaba a la moda como una manipulación de “la mujer natural” a placer del hombre, los años y una tercera ola de feminismo, reconciliaron la lucha de la mujer con la búsqueda de la estética. Si en los años 60 la fórmula de escape para no ser considerada una mujer-objeto era la renuncia al maquillaje, los brassieres y las faldas, los años 90 dieron la vuelta al discurso convirtiendo los tacones, el make-up y los vestidos en la armadura con la que una renovada power woman se alzaba ante el mundo. Así, tal como afirma Gilles Lipovetsky en La Tercera mujer, “lo femenino” ya no es un aplastamiento de la mujer o un obstáculo a su autonomía, sino un enriquecimiento de ella misma.

New Look de Dior (Shutterstock)
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Cuenta el diseñador libanés Elie Saab que cuando era niño veía al mundo de una manera diferente. Miraba a la gente a su alrededor no cómo eran, sino cómo podrían ser si se vistieran diferente. Reconocía en el potencial de la ropa el poder de la transformación. Porque la elección que hacemos a diario antes de salir de casa habla de creatividad, de nuestra identidad personal y lo más importante, de control. El control de decidir cómo queremos ser percibidos ante los ojos de los demás y en ese reconocimiento, la capacidad de convertirnos en quiénes queremos ser. Edith Heard, una de las diseñadoras de vestuario más reconocidas de Hollywood (sí, la misma que inspiró a Edna Moda en Los Increíbles) afirmaba con convicción que podíamos tener todo lo que deseáramos en la vida si nos vestíamos para ello.

Jane Birkin (Shutterstock)

¿Cuántas veces has escuchado repetida la frase “viste para el trabajo que quieres, no para el que tienes”? Este decreto va mucho más allá de un conjuro metafísico de atracción, es un principio sociológico. Con la ropa comenzamos por definirnos dentro de nuestro entorno, construimos una fachada con la que decidimos si queremos hacernos notar o ser invisibles. Es el paso que le sucede a la autodeterminación para convertirte en la mujer que sueñas ser. Si una lección sobre estilo y éxito profesional nos ha dado Andy Sachs en The Devil Wears Prada, es ésta.

Shutterstock

La moda es la coraza con la que encaramos al mundo, pero también el arma con la que le afrontamos, y las mujeres que saben entender esta ambivalencia para usarla a su favor, contarán siempre con un aliado. En junio de 1994 la princesa Diana estaba por partir a una soirée veraniega de la Serpentine Gallery cuando fue avisada que esa misma tarde el príncipe Carlos confesaría su relación con Camila Parker. Fue entonces que decidió cambiar el Valentino que tenía pensado vestir aquel día por un diseño off the shoulder, entallado y asimétrico de Christina Sambolian que había mantenido guardado por considerarlo “demasiado atrevido”.  Al día siguiente, su espectacular look fue de todo lo que se habló, relegando las declaraciones de su ex marido a segundo plano. Si bien su matrimonio le aseguró un lugar en la historia, fueron su autenticidad y su capacidad de transformarse de la tímida aristócrata a la caritativa, extrovertida y siempre a la moda power woman las que convirtieron a Diana en leyenda.

Shuttertsock

Aunque nunca hemos puesto en tela de juicio el papel de la moda en el empoderamiento de la mujer, los últimos años se han encargado de cerrar el círculo de armonía entre feminismo, moda y feminidad. Maria Grazia Chiuri fue la encargada de firmar un momento histórico al llevar al desfile de Dior SS17 el mensaje feminista de Chimamanda Ngozi afirmando “We should all be feminists”. Una temporada después, Prabal Gurung retomó la premisa con uno de los cierres de pasarela más emotivos de la última década: un escuadrón de modelos uniformadas con tshirts estampadas con mensajes de esperanza caminando al ritmo de Imagine de John Lenon. Unos días después, Missoni finalizaba su show con el mismo “pussy hat” que un mes antes se había convertido en el accesorio de protesta durante el Women’s March en Washington. Sin ir más lejos, lo que ha sucedido en la alfombra roja de la última edición de los Globos de Oro es la prueba final de que la moda es un vehículo efectivo hacia la construcción de un nuevo orden social.

Si en la Edad Media Juana de Arco fue cuestionada en los juzgados por vestir armadura de hombre, seiscientos años después Saint Laurent liberaría a la mujer con Le Smoking, legitimándola para vestir la “armadura contemporánea” no como una búsqueda de aproximación a la masculinidad, sino como un nueva comprensión de la feminidad. Una mujer multifacética que en su libertad por expresarse a través de la ropa se construye a ella misma y a su realidad todos los días, la mujer que es quién decidió ser, the self made woman.

Le Smoking YSL (Shutterstock)

Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de ELLE México febrero 2018.