La infidelidad está en todas partes: la consumimos en pláticas entre amigos, en nuestro feed de redes sociales, es la trama central de series y películas y en ocasiones, hasta llegamos a ser testigos de ella. Al formar parte de ella -aunque sea indirectamente- hemos cruzado una delgada línea casi sin darnos cuenta: dejar de verla como una ruptura de confianza y en su lugar, normalizarla, justificarla e incluso romantizarla.
Parte del problema con la infidelidad está en cómo la vemos como sociedad. Reaccionamos diferente dependiendo de quién la comete. Mientras que a las mujeres se les condena, a los hombres muchas veces se les perdona e incluso, se les aplaude. Pero más allá del género, hay algo que no cambia: la infidelidad es un acto de traición.