¿Feminista “a medias”? Qué significa serlo hoy

Alguna vez me cuestioné sobre mi propio feminismo y estas preguntas me ayudaron a superarlo.

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Feminismo
Ilustración por Sofia Weidner @sofiaweidner para ELLE México
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Texto por Alexa Grunn

Ilustración por Sofia Weidner

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Siempre me he percibido como feminista. La película que me cuento de mí misma es así porque busco abrirle camino a otras mujeres, darle voz a sus ideas y preocupaciones, apoyar su trabajo, defenderlas cuando veo alguna injusticia o agresión en su contra.

La primera vez que me cuestioné mi nivel de compromiso con la bandera feminista fue hace realmente poco y me molestó. Estaba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por trabajo y hubo una intervención de un grupo de mujeres que recorrían los pasillos gritando reclamos y consignas de justicia conforme avanzaban. Otras mujeres jóvenes se unían a la manifestación con entusiasmo y un brillo en los ojos, como de estar experimentando algo realmente emocionante, “al borde de una revolución”. Su empeño me incomodó. Me incomodó porque me hizo sentir inadecuada.

Ya venía sintiendo algo así desde la marcha en la Ciudad de México, así que en cuanto pude decidí regresar a lo básico y buscar la definición de feminista para comprobar qué tanto recordaba de cuando había entendido el término y me había identificado con el movimiento y qué tanto era congruente con lo que soy hoy. 

La definición en el diccionario de un/a feminista es: “partidario del feminismo” y la definición literal de feminismo es un “conjunto heterogéneo de movimientos políticos, culturales, económicos y sociales que tiene como objetivo la búsqueda de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y eliminar la dominación y violencia de los varones sobre las mujeres”.

Ilustración para ELLE México por Sofia Weidner @sofiaweidner

Entendí que de un tiempo acá lo que me incomoda –y creo que a muchos les pasa– es la expresión del feminismo y lo que se elige proyectar, pero no sus principios. Mi sentimiento era que no estaba haciendo suficiente por no alzar el puño: ponerme una pañoleta verde, salir a la calle, gritar y anunciarlo en redes sociales. Sentía que no estaba haciendo lo necesario al no expresar con rudeza mi inconformidad con la desigualdad y mi indignación con la violencia en contra de tantas.

Sin encontrar paz en esto, me reuní con un amigo fotógrafo que fue a la marcha en la Ciudad de México para conocer su visión y que me ayudara a tener perspectiva. Platicamos y me hizo las siguientes preguntas, que ayudaron a ubicarme en el feminismometro: ¿Lo que crees que te define como feminista son actos íntegros e ideas correctas? ¿Estos actos están alineados con quien eres en realidad, con tu día a día, con tu trabajo, con tu comunidad? ¿Son actos compasivos y justos con otras mujeres? ¿Promueven e invitan a la participación equitativa de los hombres? ¿Rompen con estereotipos y roles de género? ¿Respetas a las que piensan y son diferentes que tú? A todo esto contesté que sí. ¿Estás informada en los temas que aquejan a las mujeres y su situación en tu país y en el mundo? “Más o menos, me gustaría estarlo más”, le contesté. “Ten paz, tu foto podría estar en el diccionario a un lado de ‘feminista ejemplar’”, me dijo y sus palabras, más allá de validación, me hicieron pensar en todo lo que hacemos y lo que somos, y a veces por compararnos, invalidamos o ignoramos.

Así que, en conclusión, si te estás sintiendo inadecuada en tu feminismo, acuérdate de que los actos de todas, todos los días y con constancia, valen y acercan a otras mujeres a la hermandad desde un ángulo amable, en lugar de alejarlas juzgando su nivel de feminismo. Y llevándolo más allá, me quedé pensando que una de mis mayores lecciones sobre feminismo me la acaba de dar un hombre. ¿En qué momento decidimos sacarlos de la ecuación? Si al final todos aspiramos a los mismos derechos como seres humanos, ¿por qué los excluimos de la conversación en la búsqueda de estos mismos?

No dejen de hacerse las mismas preguntas que me hizo Pablo. Solo después de contestarlas pude dejar de sentirme feminista-ish para volver a sentirme feminista.

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Te recomiendo dos libros de Chimamanda Ngozi Adichie. La autora de Americanah se ha convertido en voz del feminismo actual y estos dos textos explican por qué:

Todos deberíamos ser feministas. El enfoque de la autora nigeriana sobre el tema invita a darle la misma importancia a los derechos de mujeres y hombres, invitando a todos a ser feministas y entender que el verdadero feminismo beneficia a todos.

Querida Ijeawele. A modo de manifesto, Chimamanda le da quince recomendaciones a una amiga para educar a su hija dentro del feminismo. Aunque parecerían ideas obvias, son un excelente punto de partida para que todos, no nada más madres e hijas, nos eduquemos en el tema.

Forma tu opinión:

Complementa tu punto de vista y conoce la situación de las mujeres y su lucha por la equidad de género en todos niveles, profesiones y situaciones, con estos documentales: Feminists: What Were They Thinking, She’s Beautiful When She’s Angry y Miss Representation.