Las redes sociales están arruinando tus viajes

La constante búsqueda de fotos para Instagram tiene un efecto mucho más profundo de lo que crees.

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Mientras estás leyendo esto, abre tu Instagram. Ahora, entra a la primera cuenta que veas. Seguramente, esta está llena de fotos de platillos, paisajes de los lugares que ha visitado y una que otra foto en modo influencer.

Desde su creación en 2010, Instagram ha dado la bienvenida a más de 800 millones de personas que, lo tengan presente o no, están siempre buscando ese spot perfecto para tomarse una foto. Y esta constante búsqueda de postales estéticas crece dramáticamente durante un viaje.

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En su libro Why Social Media Is Ruining Your Life, Katherine Ormerod habla de cómo la necesidad de presumir nuestro status ha sido parte de la vida de las personas desde siempre. La diferencia es que antes este se presumía a partir de bienes materiales, como coches o joyería, pero hoy es a través de las experiencias.

Y hoy en día, en este mundo regido por millennials, las experiencias más preciadas son los viajes.

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Los destinos que visitamos, los hoteles en los que nos hospedamos y las actividades que realizamos durante un viaje reflejan por completo nuestra personalidad. Y lo que compartimos en las redes sociales muestran el ‘yo’ que queremos mostrar a los demás. Lo que hacen los likes y comentarios es, precisamente, validar esta versión.

Pero ¿qué es lo que está pasando en realidad? Se ha vuelto fácil obtener esta validación al repetir fórmulas que vemos funcionar en otros usuarios –sean ciertas poses, ciertos filtros o algún destino en particular-. Durante su investigación, la escritora descubrió que, cada vez más, las personas planean un viaje de acuerdo con los lugares Insta-famous que puedan visitar en el camino (sea un cuarto de hotel específico, un columpio en medio de un parque nacional o una alberca volada sobre la silueta urbana de una ciudad).

Así, lo que vemos en Instagram es solo una recreación de la experiencia de alguien más, pero no de la nuestra. Simplemente porque no hay experiencia en atravesar un parque hasta el punto exacto de la foto y, después, dedicar un rato más a editarla. El resultado es una imagen que, seguramente, obtendrá muchos likes, pero que no reflejará nunca la esencia del lugar ni un momento verdaderamente especial.

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Al final, las redes sociales afectan directamente nuestra capacidad de elección, pero también nuestra experiencia durante un viaje. Y aquí está el peor error. Como dijo Ormerod, Instagram funciona como un álbum de fotos, un scrapbook que nos ayudará a recordar un viaje tal y como lo hacían otras generaciones antes de nosotros. Pero hay que saber usarlo.

Para esto, la autora tiene dos consejos. El primero es tomar todas las fotos que quieras, pero no publicarlas durante el viaje, para no distraerte de la experiencia. El segundo es usar Instagram para inspirarte cuando planeas un viaje (porque hay viajeros expertos compartiendo consejos sobre lugares que visitar y restaurantes en los que comer) pero armando un itinerario en base a las experiencias que te llenen como persona, y no solo en base al éxito que tus publicaciones puedan obtener.