¿Cómo el suicidio de una figura pública impacta a la sociedad?

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Las recientes muertes de la diseñadora Kate Spade y el chef Anthony Bourdain, y su cobertura en los medios, abren paso a la pregunta ¿cómo hablar del suicidio?

Diversos estudios han demostrado, más de una vez, que la manera en que se habla públicamente de un suicidio puede tener consecuencias profundas en los espectadores. La influencia mediática es tan grande, que la noticia de una persona acabando con su vida puede llevar a provocar más muertes.

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Uno de estos estudios, “Suicide Contagion and the Reporting on Suicide” del Centro de Control y Prevención (CDC) en Estados Unidos, asegura que un factor de riesgo es el contagio de suicidios. Este es un proceso en el que la exposición a un suicidio o un comportamiento suicida invita a otros a recurrir a esta misma práctica. Las amplias coberturas de los medios de comunicación han sido asociadas a un crecimiento significativo en la tasa de suicidios. Y el efecto de contagio parece ser más fuerte en adolescentes.

De acuerdo con el mismo estudio, los adolescentes y jóvenes adultos que recurren al suicidio no suelen ser diagnosticados clínicamente como depresivos o con desórdenes mentales, que son factores de riesgo importante a cualquier edad. Y, al mismo tiempo, son más sensibles a la influencia ajena, convirtiéndose en las víctimas principales de este ‘contagio’.

Según el American Foundation of Suicide Prevention, en 2016, 8.6% de los adolescentes del noveno al doceavo grado (15 a 18 años) aseguraron haber cometido al menos un intento de suicidio en el último año. Y las mujeres lo intentaron al doble que los hombres, con un 11.6% sobre un 5.5%.

En México, la Secretaría de Desarrollo Social Local SEDESO reportó en 2016 que el grupo más vulnerable es de los 15 a los 29 años, representando el 40.8% del total de suicidios, teniendo un total de 2,345 casos. (Excelsior, 2017).

“Cuando una persona que sufre de depresión u otro transtorno mental descubre que alguien a quien admira acabó con su propio sufrimiento por medio del suicidio, la muerte se vuelve una idea plausible”. Asegura el CDC.

Y esto tiene un efecto exponencial: a mayor exposición al reportaje sobre el suicidio, mayor riesgo hay de que alguien lo copie.

Entonces, ¿cómo hablar del suicidio?

Tomando como base su primer estudio, el CDC publicó una guía básica de cómo debemos hablar de un acontencimiento tal -tanto los medios de comunicación como cualquier persona en su día a día- con el objetivo de mantener a las personas vulnerables a salvo.

Algunas de estas reglas incluyen no usar la palabra suicidio en la primera idea; ni en el título de una noticia, ni al iniciar una conversación. Resaltan también la importancia de no mencionar el método de primeras y evitar cualquier descripción detallada, ya que usando una persona vulnerable lee sobre los detalles específicos, puede llegar no solo a la idealización, sino a la acción.

Al hablar sobre este, es importante también ni dramatizar ni simplificar de más. “Cuando se glorifica, dramatiza o se simplifica el cómo y el porqué de un suicidio, no se logra una conciencia de prevención, sino una conciencia sobre el suicidio en sí”, aseguran.