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Giovanna Castiglioni sobre preservar y compartir el legado del diseño italiano

La exposición que celebra el legado del diseñador italiano junto a su hija, Giovanna Castiglioni.
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Giovanna Castiglioni sobre preservar y compartir el legado del diseño italiano (Cortesía)

Del 18 al 25 de octubre, Diez Company presentó Achille Castiglioni: A Family Legacy, una exposición que celebró el legado del icónico diseñador italiano en su showroom de Polanco. Con la participación de su hija, Giovanna Castiglioni, la muestra exploró las ideas y procesos creativos detrás de su obra y su visión del diseño en las nuevas generaciones. En ELLE México tenemos en exclusiva una entrevista con Giovanna, quien nos contó sobre su formación en el diseño, el legado de su padre y profundizó acerca del uso de la inteligencia artificial en el diseño.

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Rodrigo Fernández: Te formaste como geóloga, alguien que aprende a observar, investigar y leer lo que hay debajo de la superficie. ¿Cómo ha moldeado eso tu forma de entender los objetos y el diseño?
Giovanna Castiglioni: Estoy feliz de haberme graduado con un título en geología. Mi padre me dio la libertad de elegir mi carrera universitaria y comprendió mi pasión por la naturaleza. Siempre viajé con él desde que era pequeña, y esto ahora me permite recuperar la maravillosa forma que tenía Achille de comunicarse en público y hacerla mía, con mi enfoque práctico, compartiendo historias de diseño y de su proceso con el público. Después de todo, él trabajó como arquitecto de la superficie hacia arriba; yo estudié de la superficie hacia abajo. Hoy siento que tengo toda la columna estratigráfica en mis manos, con el placer de ser una mujer práctica que ama todo tipo de objetos cotidianos, anónimos o bien diseñados, porque crecí con ellos desde una edad temprana.

R: Creciste rodeada de prototipos, objetos extraños, experimentos y probablemente mucho sentido del humor. ¿Cuándo te diste cuenta de que tu entorno familiar era todo menos ordinario?
G: Desde pequeña, fui una niña afortunada. Jugaba con personas mayores que yo, recibiendo una atención que me ayudó a crecer mucho... Imagina que a mi alrededor estaban los arquitectos de ese período, de la misma generación que Achille, y que entre mis “mejores amigos” estaban Bruno Munari, Enzo Mari y el diseñador gráfico Max Huber con su esposa japonesa Aoi. Luego, “líderes” ilustrados de empresas como Sergio Gandini, de Flos; Aurelio Zanotta, Alberto Alessi, entre otros. Desde temprana edad, interactuaba constantemente con personas que eran serias, sí, pero que a menudo utilizaban conmigo la ironía y me involucraban sin que yo me diera cuenta. Mis compañeros de clase siempre me decían: “Eres muy simpática, pero también rara”. Así que tenía muchos amigos “mayores” y pocos, pero buenos, de mi edad, que siguen en mi vida hasta hoy. Desde pequeña, aprendí a armar y desarmar lámparas, radios y muebles para poder pasar tiempo con Achille y divertirme con él. Él, a cambio, siempre me dedicó mucho tiempo.

R: El mundo conoce a Achille Castiglioni como uno de los grandes maestros del diseño. ¿Qué viste en él que el resto de nosotros no pudimos ver?
G: Es fácil: disfruté de un padre maravilloso y muy juguetón —porque así podía seguir diseñando objetos y exposiciones mientras jugaba—; de un hermano con quien jugaba cuando salíamos de viaje y de un amigo al que le encantaba ponerse a mi nivel y apoyarme en las decisiones importantes de vida.

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Diez Company: “A Family Legacy”. (Cortesía)

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R: ¿Cuál es tu recuerdo más vívido de ver a tu padre trabajar?
G: No me permitían molestarlo en el estudio. El estudio era un lugar de trabajo muy personal para él. Pero viajar a su lado, cuando trabajaba en el camino, y daba la casualidad de que yo asistía a sus conferencias, puedo decir que eran divertidísimas. Increíblemente, yo entendía todo a pesar de ser pequeña, lo que significa que él conseguía que una niñita que crecía a su lado entendiera el diseño. También recuerdo su placer al traer objetos extraños de sus viajes, y cuando regresaba, preguntaba: “¿Qué es y para qué sirve?”. Ahora he adoptado este método como propio para conectar con el público y animarlo a hacer gimnasia mental sin juzgar a las personas.

R: El trabajo de Achille nos recuerda que el buen diseño puede ser inteligente sin volverse serio o arrogante. ¿Hemos olvidado cómo jugar?
G: Sí, creo que esta representa una gran lección hoy más que nunca, en esta sociedad que nos exige un rendimiento cada vez más alto. Acaba de terminar una exposición en la Fundación Achille Castiglioni con los juegos que Achille me regaló cuando era niña, que todavía compro hoy y que uso para mis conferencias. Por eso el título de la exposición era: “Juego y proyecto, el proyecto es juego - no nos tomemos demasiado en serio”.

R: La exposición “Gioco e progetto, progetto è gioco – Non prendiamoci troppo sul serio” reúne más de 400 juguetes. ¿Qué revelan los juguetes sobre la forma en que piensan los diseñadores?
G: Por lo pronto, la curiosidad por las cosas pequeñas y los detalles. Hay muchas soluciones en los juegos que pueden utilizarse como inspiración para diseñar de tal manera que la función prevalezca sobre la forma.

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Diez Company: “A Family Legacy”. (Cortesía)

R: De todos esos juguetes, ¿cuál te llevarías a casa en secreto y por qué?
G: Afortunadamente, todos esos juguetes vinieron de mi casa y todos volvieron a casa... Para la exposición en la fundación los elegí entre los muchos que todavía tengo en mi colección en mi hogar y me alegra que las personas que vinieron a visitar la exposición volvieran a ser niños y encontraran analogías entre los juegos y los proyectos de Achille Castiglioni. Siempre recomiendo entrenar a nuestro niño interior.

R: La observación, la curiosidad, la ironía, el juego y la capacidad de hacer preguntas inesperadas eran fundamentales en el método de Achille. ¿Cuál de estas cualidades crees que los diseñadores necesitan más urgentemente hoy en día?
G: Los diseñadores podrían inspirarse en este método enfocándose solamente en unos pocos aspectos o manteniendo todas estas palabras juntas. Sin embargo, las preguntas deben ser precisas, orientadas a resolver un problema, no inesperadas. Es importante que la forma siga a la función, no al revés.

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Diez Company: “A Family Legacy”. (Cortesía)

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R: A menudo Achille empezaba a trabajar con objetos cotidianos que todos los demás habían dejado de notar. ¿Tú también observas constantemente el mundo de esa manera? ¿Qué ha captado tu atención recientemente?
G: Como mencioné, el mundo de los juegos me fascina, tal vez porque me mantiene viva y alegre. Sin embargo, siento curiosidad por muchos objetos anónimos a mi alrededor. Los encuentro cuando viajo, cuando mis amigos me los regalan y, a veces, los descubro en las casas de la gente. En cada viaje, disfruto encontrando objetos anónimos, artesanales e inteligentes en el lugar que estoy visitando. Por eso no veo la hora de ir contigo a un mercado de pulgas en la Ciudad de México para descubrir objetos que no existen aquí y que se usan para propósitos específicos.

R: Trabajas todos los días con el archivo de tu padre. ¿Cómo se preserva un legado sin convertirlo en algo frío o intocable?
G: Creo que un archivo debe permanecer vivo y no acumular polvo en cajas. Por eso, planificar exposiciones cada año nos permite descubrir y compartir con el público un aspecto diferente del diseño, revelando aspectos de la arquitectura, las instalaciones y los objetos de diseño industrial creados por los hermanos Castiglioni. Trabajar con diseñadores contemporáneos como Marco Marzini, que, con su visión, transmiten un enfoque del diseño al estilo Castiglioni, me parece una buena manera de mantenerlo atemporal y relevante. Además, no me gustan los museos conmemorativos donde encuentras el escritorio en el que trabajaba el viejo arquitecto, con los lápices colocados ahí como si hubiera muerto hace poco. Una de las cosas más hermosas que me dijo un estudiante en mi primera visita guiada al museo dedicado a mi padre fue: “Parece que Achille está allá tomando un café y está a punto de regresar…”. Sin embargo, en ninguna parte está su escritorio congelado con los lápices que usó por última vez. Es difícil de explicar. Tendrías que experimentar la visita guiada de la fundación para entender el significado de mis palabra.

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Diez Company: “A Family Legacy”. (Cortesía)

R: Vienes a México, un país donde la artesanía, el ritual, el color, el humor y el ingenio cotidiano conviven con tanta naturalidad. ¿Qué es lo que más te da curiosidad descubrir aquí?
G: Tengo mucha curiosidad por descubrir esta combinación de ingredientes mexicanos. He tenido la oportunidad de recibir a estudiantes y otros visitantes de México a lo largo de mis 20 años en el museo, y no veo la hora de estar allí contigo y ser guiada por tu ciudad, aprendiendo sobre sus tradiciones y su percepción del mundo del diseño.

R: En “Vietato saper disegnare”, cuestionas provocativamente la idea de que los diseñadores deben saber dibujar. En un mundo cada vez más digital, ¿qué puede seguir descubriendo la mano que la tecnología no pueda?
G: Los errores y su maravilla... Achille solía decir: “¡Quien se equivoca, tiene razón!”. Bruno Munari nunca te daba un borrador. Los errores nos enseñan mucho, hoy más que nunca. Para mí, dibujar es transmitir una idea, incluso si es un mal dibujo. Al menos puedes empezar desde ahí, y con la IA hoy puedes recibir ayuda, pero si no tienes una buena idea, incluso la IA da palos de ciego. Y si no intentas con un prototipo o un modelo hecho a mano en lugar de uno “renderizado”, nunca sabrás si el objeto se sostiene, funciona o es verdaderamente útil.

R: Y ahora que la inteligencia artificial puede generar imágenes, objetos e ideas casi instantáneamente, ¿qué es lo que hace que algo siga estando genuinamente diseñado?
G: Exactamente, esa es la pregunta correcta sobre la inteligencia artificial, a la que a veces llamo deficiencia artificial. “Deficiencia” significa “algo falta”, y es precisamente el ser humano lo que falta, la realización concreta y real. Porque el lado humano siempre falta, junto con nuestra gran capacidad para decir exactamente lo que queremos lograr en un proyecto. Usar la IA como herramienta es muy importante, tal como lo fue internet en sus inicios. Estaba destinado a ser una herramienta de asistencia, y ese sigue siendo el caso hoy en día. Solo los humanos, por ahora y todavía, mueven los hilos y deben ser capaces de darle las instrucciones correctas a la máquina.

R: ¿Hay algún objeto, diseñador, edificio, tradición o gesto cotidiano mexicano que ya haya capturado tu imaginación?
G: Esta es mi primera visita a México, y específicamente a la Ciudad de México, así que tengo curiosidad por descubrir todo lo que pueda ver durante mi estancia. Por suerte, hace unos años, el arquitecto y artista Luciano Matus vino a visitarme a la Fundación Achille Castiglioni, y me gustó mucho su trabajo sobre la luz y el espacio. A partir de ahí, comencé a documentarme y a estudiar. Entre los contemporáneos de mi padre, tengo mucha curiosidad por ver la arquitectura de Luis Barragán en persona, y no veo la hora de conocer su estudio en el barrio de Tacubaya. Uno de los nietos del arquitecto también ha visitado la fundación. También siento curiosidad por descubrir el estilo audaz que combina el modernismo internacional con la tradición y los colores de la arquitectura mexicana a través de Ricardo Legorreta Vilchis. Tengo una larga lista de deseos, pero estoy segura de que quien me invita podrá organizar un recorrido maravilloso para mostrarme las bellezas de la ciudad. Confío en ti, mi amigo Rodrigo Fernández de Diez Company, quien me invitó y quiso organizar una gira de conferencias y lecciones con una exposición de los objetos de Castiglioni durante la Semana del Diseño de México.

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