El oasis japonés que puedes visitar en la ciudad de México

Sayonara babies

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El Lobby del hotel Ryo Kan
Fotos: Cortesia
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La creadora del estudio multidisciplinario GLVDK nos cuenta cómo fue trabajar contra tiempo y espacio en el diseño del primer ryokan en la ciudad de México.

Regina Galvanduque y yo nos encontramos uno de los primeros días de enero y aunque el día está soleado, hace frío. Pedimos un café y un té verde, y el color de nuestras bebidas es lo único que desentona en el espacio que, por donde sea que lo veas, es completamente blanco.

RyoKan, un oasis japonés con espacios en blanco
Fotos: Cortesia

Estamos en Ryo Kan, un oasis japonés al que entras y automáticamente te olvidas del caos exterior de la colonia Cuauhtémoc.

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Es la perfecta definición del concepto de omotenashi, la palabra japonesa que se refiere al arte de recibir visitas y hacerlas sentir como en casa.

El oasis japonés que se encuentra en la colonia Cuauhtémoc
Fotos: Cortesia

Luego de analizar la zona y darse cuenta de la comunidad asiática, los restaurantes y las embajadas alrededor, hacer un hotel de diez habitaciones en pleno Little Tokyo de la Ciudad de México no podía tener más sentido.

Es el primer proyecto que Regina realiza en el país con su estudio GLVDK, después de vivir varios años en Nueva York y tomarse una pausa para tener dos hijos. Fue un año intensísi- mo, como dice, pues junto con su equipo se encargó de todo, desde la conceptualización, hasta la arquitectura y el interiorismo, para el que colaboraron con MYT Diseño, del diseñador Andrés Mier y Terán, que también es su esposo.

Regina es arquitecta pero ese título le queda corto. Lo que ella hace es crear experiencias y desarrollar conceptos, por eso le gusta participar en todas las diferentes etapas, desde el diseño del logo, la definición de la paleta de color, los acabados, el mobiliario, hasta la selección de piezas que decoran el lugar.

Fotos: Cortesia

Fue idea suya que las habitaciones estén divididas en cuatro según los distintos tipos de clientes, algunas con tatamis, otras con zabutones para meditar y otras que consisten en un módulo cuadrado con la cama al centro. Todo el lugar, además de tener la misma esencia de los ryokanes japoneses —esos hoteles tradicionales en los que predomina la simplicidad—, expresa también el paralelismo artesanal entre México y Japón.

Habitación con esencia ryokanes japoneses
Fotos: Cortesia

En los cuartos unos páneles imitan un tejido maya, y las regaderas, que tienen la misma forma que un lavadero, están hechas en terrazo. Además, todo en la decoración es de diseñadores locales como Cerámica La Mejor, Ánfora, Muebles de Concreto y Onora.

Decoraciones que crean el ambiente en Ryo Kan
Fotos: Cortesia

Un jardín zen, un comedor abierto y una biblioteca son los espacios comunales, y en la terraza un onsen, el spa con cuatro tinas redondas que toman su forma de las piedras de río, donde hacen tratamientos relajantes con sales. Integrar todos los componentes de un ryokan en un terreno tan pequeño fue el reto más grande. Pero Regina parece tener el tiempo —y el espacio— de su lado.

Fotos: Cortesia

Para su proyecto más reciente, Niddo, en la Juárez, transformó dos locales diminutos en un restaurante y una cafetería que por fuera podría ser un café de cualquier ciudad europea, en solo ocho semanas. “Ninguno de los dos son espacios enormes, pero ese es el reto, lograr una experiencia sensorial en el que la gente se sienta bienvenida, y se quiera quedar”, dice.