Para su primer encuentro con León XIV en la catedral de Santa María de la Almudena, en Madrid, la reina Sofía eligió un traje blanco de dos piezas que le permitió ejercer con libertad su derecho al "privilegio blanco". Se trata de una prerrogativa vaticana reservada a pocas soberanas católicas europeas que les permite presentarse ante el papa vestidas de blanco, en lugar del negro que se exige a las demás mujeres.
Pocas monarcas pueden hacer uso de esta excepción, entre ellas las reinas Matilde y Paola de Bélgica, María Teresa y Estefanía de Luxemburgo y Charlene de Mónaco . La emérita española lo ejerció con plena conciencia del peso simbólico de su elección. León XIV es el séptimo pontífice que la reina Sofía conoce a lo largo de su vida, una cifra que resume décadas de relación entre la Casa Real española y la Iglesia católica.