Después de participar en las adaptaciones de Las muertas de Jorge Ibargüengoitia y Tesis sobre una domesticación de Camila Sosa Villada, Alfonso Herrera estrecha su vínculo con las narrativas latinoamericanas al dar vida a Esteban Trueba en esta nueva versión de La casa de los espíritus de Isabel Allende y para él, poder hacerlo, es un lujo. El gran reto del personaje estuvo en interpretar a Trueba desde su juventud hasta su muerte, por lo que el trabajo de preparación fue tanto corporal como de acento, además de haber pasado más de 240 horas en la silla de maquillaje para el trabajo de prostéticos. Para Alfonso, la historia de La casa de los espíritus nos conecta como región, tanto con las alegrías como con los dolores, los vicios y las virtudes, que nos conectan desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
Alfonso Herrera en La casa de los espíritus: una historia que nos une como Latinoamérica
Jordi Linares Rivas: Recientemente trabajaste en Las muertas, Tesis de una domesticación y ahora La casa de los espíritus. ¿Cómo ha sido para ti contar historias que nacen de la literatura latinoamericana hacia la pantalla?
Alfonso Herrera: Es un lujo. Yo creo que las buenas historias son las que viajan a través del tiempo. Son relatos que, conforme pasan las generaciones se siguen revisitando y conectan porque tienen una columna vertebral muy sólida. Me siento muy afortunado de que me inviten a participar en proyectos tan ambiciosos y complejos.
Estamos hablando de una escritora best seller alrededor del mundo y cuando piensas en Isabel Allende, inmediatamente llegas a La casa de los espíritus. Ser parte de ella es un lujo.
Jordi Linares Rivas: ¿Cómo fue tu historia con La casa de los espíritus? ¿Recuerdas cuándo la conociste por primera vez?
Alfonso Herrera: Cuando estaba en la escuela me dejaron leer varios libros y cuando leí La casa de los espíritus la disfruté muchísimo. No lo sentía como una tarea escolar. Me adentré en la historia y me emocionaba. Y de repente recibí la invitación para interpretar a Esteban Trueba. Revisitar el libro ahora como apoyo para mi trabajo fue fantástico. Los guiones funcionaban muy bien por sí solos, pero tener el libro como referencia fue increíble. En la vida no hay casualidades, sino causalidades y pensar que en su momento leí ese libro por gusto y ahora estoy aquí interpretando a Esteban Trueba fue algo muy emocionante.
Jordi Linares Rivas: ¿Cómo fue el proceso de preparación para un personaje tan complejo como Esteban Trueba?
Alfonso Herrera: Hubo un trabajo muy fuerte de acento y de corporalidad. Aquí seguimos al personaje desde su juventud hasta su muerte, lo que implicó trabajar cómo evoluciona su cuerpo, cómo cambia la voz con los años, cómo se transforma.
También hubo un trabajo muy intenso de prostéticos, a cargo de los diseñadores Jordi Moreira y Pepe Mora, que son artistas extraordinarios. Pasé más de 240 horas sentado en una silla de maquillaje colocando prostéticos. Pero eso es solo la forma exterior. Luego hay que llenar al personaje con trabajo emocional y psicológico. Fue un proceso muy arduo.
Jordi Linares Rivas: ¿Cómo fue la experiencia de grabar en Chile?
Alfonso Herrera: Creo que es algo muy cercano a cómo Isabel Allende imaginaba esta historia. La casa de los espíritus nos conecta como región. Aunque ocurre en Chile, habla de algo que va del Río Bravo hasta la Patagonia. Hay muchos paralelismos. Por ejemplo, cuando hablas de un hacendado en México, en Chile hablas de un patrón de fundo.
Además, la serie está hablada en español y tiene talento iberoamericano de todas partes: Argentina, Colombia, México, Chile, España. Hay una representación muy amplia de quiénes somos.
Jordi Linares Rivas: Hay algo que dijiste que me parece muy interesante: esta idea de una latinidad que atraviesa la historia.
Alfonso Herrera: Claro. Primero compartimos una historia común que tiene que ver con la conquista. Eso genera estructuras sociales y culturales muy similares a lo largo de la región. Si hablamos del personaje de Esteban Trueba, representa una masculinidad que intenta afirmarse a través del poder, de la posesión, de cómo es percibido por los demás. También confunde lo que significa amar. Estoy seguro de que amó profundamente a Clara y a Rosa, pero una cosa es amar y otra muy distinta es poseer.
La historia también habla del perdón. Y habla de dictaduras militares que marcaron a muchos países de la región: Chile, Argentina, Brasil… compartimos dolores muy similares. Pero también compartimos alegrías.
Jordi Linares Rivas: La novela está marcada por el realismo mágico. ¿Cómo te acercaste a ese elemento?
Alfonso Herrera: Mira lo que nos pasa a los mexicanos a finales de octubre y principios de noviembre. Nosotros damos por hecho que nuestros muertos nos visitan. Recordarlos es traerlos de vuelta. No lo subrayamos como algo extraordinario. Es parte de nuestra vida.
Hay una historia que escuché hace tiempo: un maestro en España explicaba el realismo mágico y una mexicana levantó la mano y dijo: “Eso no es realismo mágico. Esa es nuestra realidad”. Y todos los latinoamericanos en la clase levantaron la mano. Para quienes viven fuera puede parecer mágico, pero para nosotros es simplemente nuestra forma de ver la vida.
Jordi Linares Rivas: Después de todo este proceso, ¿qué te deja La casa de los espíritus?
Alfonso Herrera: La posibilidad de filmar en Chile. No había trabajado antes allí y me parece una industria audiovisual muy rica. Espero que sea la primera de muchas.
También haber trabajado con Andrés Wood, un director al que admiro mucho. Recuerdo haber visto Machuca y pensar que era una historia potentísima. Trabajar con compañeras extraordinarias como Dolores Fonzi, Maribel Verdú, Nicole Wallace y Fernanda Castillo. Fue un set lleno de mujeres con una sensibilidad muy fuerte que enriquecieron muchísimo la historia.
Me quedo con las ganas de regresar y seguir trabajando allá.