Cuando asumí el puesto de editora de belleza, mi antecesora me prometió muchos viajes a París. Por lo menos uno al año, si no es que más. Imagínense mi emoción: ¡París una vez al año! El epicentro de la belleza y la moda. Un verdadero sueño.
Vaya decepción cuando, después de año y medio, nadie me había invitado a París. ¡JA! Pero tras tanto tiempo de espera, la invitación por fin llegó. Y lo mejor es que no fue cualquier marca: ¡mi primer viaje prometido a París era con Chanel! ¿Mi primera reacción? Un grito, seguido de un baile de emoción. Después le escribí a mi esposo para contarle, y empezó la cuenta regresiva.