#SendTerapia Vol. 2: Qué pasa cuando te entregas (tanto) a los kilómetros

¡QUE SUSTO! #lascosascomoson

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@lagardenuria
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Nunca les he escrito desde un “mal lugar”, entendiendo como mal lugar un estado de no paz. Y aunque he intentando mil veces ser un poco más disciplinada con la #dalicolumna, me rehúso… A DARTE UN ÚLTIMOOO BESOOO, ASÍ QUE GUARDALOOOOOOO… y también a hacerlo cuando no estamos “ahí”.

La realidad es que estaba muy preocupada por mí. Acá entre nos, bueno ya puedo hacerlo público, pero tenía mucho miedo por mis piernas, que no se estaban recuperando como esperaba que lo hicieran en tiempo promedio y según mis expectativas.

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Así como el desamor genera panic attacks con patrones/situaciones/seres similares, lo hacen las lesiones deportivas. Desmiéntanme y díganme que no tocan su “lesión” de vez en cuando para saber que todo sigue bien. Incluso ya hasta le hablan en tercera persona, con cariño y diminutivos. La relación que se tiene con el cuerpo después de haber estado off  por lesión un rato es muy distinta, es mucho más consciente. Y yo con dos lesiones en mi CV, sí me apanico todavía.

Después de muchos días sintiéndome en la cuerda floja después de mi último medio maratón, mi cuerpo por fin reaccionó y me quise abrazar las piernas. Así como mi sticker favorito. (Quien ha hablado conmigo en whatsapp sabe e incluso definiría como relación tóxica/obsesiva la que tengo con este sticker. Pero es que, así tal cual me quiero hacer).

[Inserta sticker de la rana René abrazando un iPhone.]

Entonces, dos semanas después del #PHILADELPHIACHALLENGE
Hablemos de… (Me tomo muy enserio la identidad de ELLE, JAJA) LO QUE PASA DESPÚES DE ENTREGARNOS TANTO A LOS KILÓMETROS.

OIGAN PERO ¿POR QUÉ NADIE ME HABÍA DICHO LO ASQUEROSO Y REAL QUE ES EL “RUNNER’S BLUES”?

¿Por qué no me habían contado que el runner’s blues era más que un #hashtag que justifica el continuo bombardeo de material fotográfico de esa carrera que ya fue y nos rehusamos a dejar ir?. Que no es un tren del mame, aunque a veces sí, y que no es algo que se dice cuando corres un maratón sólo para sentirte un poco más “runner”.

Mi hipótesis es esta, nadie sabe, ni entiende tampoco, este blues del que tanto hablan hasta que les pega. A mí me tardo en pegar, de verdad, 4 años y llega algo así:

(El blues es el de flotis, yo la de goggles)

Ahora… ¿Por qué tardó tanto en pegarme?
En el dalidiccionario:
El “runner’s blues” sólo puede existir cuando se rompen barreras. Barreras de velocidad, tiempo, distancia y/o felicidad. Cuando se lleva al cuerpo, sin darte cuenta a veces, a un punto que no estabas acostumbrado a tocar ni sentir. Es ese parte aguas donde todo lo que había sido antes deja de ser relevante.

Y pues, ese domingo hice PB de 18 minutos en la costa californiana que tanto amo y sí, algunas barreras se rompieron. Por consecuencia, mis 21K previos al 28 de julio 2019 se borraron instantáneamente sin vuelta atrás de mi mente y corazón.

@dallia

El blues es un estado mental, pero también físico. Demasiado físico. Prometo investigar lo suficiente porque no sé qué especialista trataría este tema con exactitud, pero creo que podría ser un neurólogo con subespecialidad en ortopedia deportiva.
Pero sí se siente físico, muy físico. El cuerpo entra involuntariamente en reposo, piloto automático por programación. Y ni pa’trás ni pa’lante.

¿Y que pasa con este apagón?… Que no lo entendemos, o al menos yo, no.
La gente que corre es adicta.
SÍ, SOMOS ADICTOS GENTE, TODOS LOS QUE LEEN ESTA COLUMNA.

Adictos al rush, al desgaste, a la disciplina, a la velocidad, al viento en la cara, a los amaneceres, a la adrenalina, al nada es suficiente, al PB, al reconocimiento público, al BQ, al dolor, a la felicidad, a lo que sea que se les ocurra. Acá les dejo unos espacios en blanco para que todos nos podamos sentir identificados.

Yo empiezo:
Al BPM promedio 156. (Igualito al de Armstrong cuando aterrizó en la luna).
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Se supone que después de la carrera, viene el descanso, así es el ciclo natural del correr y TODOS LOS RUNNERS LO ODIAMOS. Lo queremos, lo necesitamos, pero no podemos parar, adictos, les estoy diciendo.

Así llegó mi semana de receso total obligatorio. Ya voy a dejar de hablar en plural y voy a hablar por mí. SFO me dejó ton-ta, punto.

SFO fue como ese primer date exitoso después de un corazón roto, así tal cual. Pero también fue mi primer blues y mi primer panic attack. Porque me hizo recordar todo lo malo que podría pasar. Me hizo volver a amar mi correr tanto, que mi miedo a perderlo, otra vez, se multiplico por 11 millones. Y eso es fuertísimo.

Yo pensaba no se podía amar tanto algo que no fuera un ser humano, pero sí. Aunque sigo sin llorarle a una meta, SFO me hizo matarme de risa a media ruta, gozarla y también abrir las manos en las bajaditas porque podía y quería. Y al menos esto suena muy parecido al amor.

@dallia

SFO también me dejó absurdamente devastada, muchos días después y muy triste sin razón lógica alguna. Les prometo que nunca había mandado tantas veces el gif que les compartiré a continuación:

Empecé a escuchar Bon Iver en ayunas (y dicen mis amigos que a mí no me hace bien en esas condiciones), consideré dejar mi coche abandonado muchas veces en la calle y dormirme ahí. Tomé las peores decisiones, aquellas que se toman los domingos de vacío o Mercurios retrógrados, o los dos juntos. Todo esto porque mi cuerpo extrañaba mi domingo en San Francisco.

¿Y CÓMOOOO NO?, no lo culpo.
Hace dos semanas yo acababa de correr la distancia más perfecta del sistema solar. Tan perfecta que me hizo dudar de cuántos maratones no quiero correr pronto, bueno… después de Toronto. En una ciudad con un clima malditamente perfecto con 3 de mis personas favoritas, sushi, banana bread, el café mas rico del planeta y el que manchó para la eternidad mis nikes más blancos, pero así es la vida. Dice Raúl que no siempre se puede ganar que… “un día corres a 4:25/km y al día siguiente te tiras el café. Life is a bitch”, y sí.

Así nos seguimos ese domingo con los mejores hotcakes de California con la fila de espera más larga también, más banana bread, pizza de papa, varios Doritos nacho y muchos tickets de vinos gratis con el sol y el sillón más padre del mundo. No estoy exagerando en ninguno de los puntos previamente mencionados.

Todo eso con Raúl frente a mí en el bar con medalla puesta a las 9 p.m. Esto es relevante no por el hecho de haberse dejado la medalla puesta, he ido a dos Majors en los que es obligatorio usarla por dos días seguidos a donde sea que vayas, pero fue relevante porque era Raúl el que no se la quitó. El mismo al que obligue a ir, al que le dio un ataque de pánico un día antes por la altimetría sospechosa en nuestra ruta. El güey más antigeekrunner que pensé conocer en mi vida pero también fue él el que bajó con medalla y Birkenstock con calcetín como un buen runner veterano lo habría pensado, eso es San Francisco.

Y a mi lado, Claudia Cándano acabándose los tickets de vino, porque pausa, si van a llevar porra a sus carreras que sea ella. Porque jala parejo en todo: en el convivio, en la emoción, en la gritada, en el carbload y en el recovery Chardonnay, también. Todo esto que les platico lo hacíamos hablando de cualquier cosa menos de correr; se habló de amor, de desamor, de adorables bastardos, de kentro, de nacionalidades europeas, de sustentabilidad -porque ese tema nunca va a faltar si Claudia está presente- y ya después, de correr también.

Entonces entendí todo. Antes de darle comprar al boleto de avión a la playa que estaba a punto de comprar -porque es la única manera en que sé resolverlo todo, porque regresar al nivel del mar me estabiliza- respiré chingos, tomé mis malas decisiones, dejé que mi depresión me arrastrara una semana entera. Fui un chayote hervido sentado en la oficina con la compu prendida, ausente en cuerpo y alma. El domingo me fui a dormir a las 6:00 pm para que mi día se terminara más rápido y empezar otra vez.

Y solo así, mi cuerpo me perdonó por haberlo hecho tan feliz sin darle previo aviso de que eso sucedería. Entendí que sólo era mi sistema extrañando mi corazón alterado, que no soy (tan) adicta a correr, pero que por primera vez había sido absurdamente feliz mientras corría. Y, la verdad, que paz ese notición.

@dallia

Para Murakami el blues es algo así:
“To tell the truth, I don’t really understand the causes behind my runner’s blues. Or why now it’s beginning to fade. It’s too early to explain it well. Maybe the only thing I can definitely say about it is this: That’s life. Maybe the only thing we can do is accept it, without really knowing what’s going on. Like taxes, the tide rising and falling, John Lennon’s death, and miscalls by referees at the World Cup.”

Y pues qué sabiduría.
That’s life y eso fue correr San Francisco.

Happy blues queridos míos. Creo que es buena señal ese devaste, algo hicimos bien.
Y ojalá se les quite más rápido que a mí. Y si no, avísenme y les mando el mail que me mando esta semana mi coach. Con sus ajustes para el maratón, les juro se les va todo, absolutamente todo, hasta el blues.

QUÉ SUSTO.
Bai.

P.D. Gracias Philadelphia por llevarnos a SFO. Por dejarnos correr bonito, rápido, con brazos abiertos y viento en la cara, con gus y sin gus mientras gritabamos “RAAAAWR” en el KM 20. ¿OTRO #PHILADELPHIACHALLENGE?

@lagardenuria