#SendTerapia: obsesiones de runner vol. I

Mi nuevo “ya lo perdoné”, es "ya me inscribí a otro maratón", QUEEEEE PAZ.

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Getty Images
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Hola, soy Dalia y regresé con mi ex ya empecé a correr otra vez. Y como lo necia no se me iba a quitar, porque Tauro de pies a cabeza, tuvimos que hacer algunos ajustes y redireccionar energías, pero ya estamos.

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Hace unos días le estaba contando a alguien, que realmente no me conoce, que corría. Y que fácil y delicioso es hablar con gente nueva porque las cosas se dicen como son sin el clásico “mentir por convivir”. A él no tenía que hablarle de pace, minutos, segundos, ciudades, PB’s y menos de lo que pienso de mi correr, que sinceramente soy la persona menos adecuada para hablar del tema.

Porque a sus ojos, yo corría y ya, punto. Así de fácil.

Fui mi incongruente, porque en conclusión le dije “lo feo, asqueroso y cansado” que es correr, incluso un “nunca corras” le lanzé. Y cuando termine de hablar me dijo, “¿Entonces ya no vas a correr?” y contesté con un: AH NO ¡SÍ!, corro Toronto en Octubre.

Y entendí todo. Me entendí todo. Por favor tómense el tiempo para ir a su whatsapp a la zona de gifs y en search pongan: “Math” (adjunto imagen también), el primero que les sale fui yo al terminar mi monólogo corredor.

Mi conclusión fue esta: todo mundo ha regresado con esa persona que llamaban/llaman el “amor de su vida”, porque no fuera a ser que sí era y las segundas o novenas oportunidades en esos momentos parecen brillantes (es una trampa gente, no lo hagan), pero al parecer, correr para mí es “ese wey”. El que odian mis amigos pero yo insisto en tener en mi vida y también es ese con él que en las películas la gente se termina casando.

Corrí L.A. el 24 de marzo del 2019. Y un mes después sólo puedo decirles dos cosas.

-NUNCA CORRAN L.A.
-Pero si lo corren, tiene que saber esto:

A L.A. no se va pensando en un PB (Personal best), a ningún punto de la costa californiana realmente. No se va por récord porque es prácticamente imposible de gozar buscándolo, ese no es el mindset de este maratón, es otro. A menos que lo suyo lo suyo sean las altimetrías con muchos números arriba de 0 mts, el cual no es mi caso.

A L.A. se va con amigos, y con unos muy buenos. Porque es un gran lugar para el pre y el post 42K. Tirarte en la playa post maratón con muchas chamarras y muchos vinos encima a esperar el atardecer californiano es una de las actividades en el itinerario.
*Descripción gráfica de este punto:

@dallia

Otro punto a favor muy considerable es que en L.A. la gente corre semi-desnuda y es oficialmente el lugar con runners más guapos(as) en el que he corrido. Es hasta alarmante y peligroso porque el pace se altera mucho por intentar alcanzar a varios. Por lo que es un punto importante a considerar en los splits.

Y por último, L.A. es un planazo porque corres al mar, y eso no pasa todos los días.

L.A. me dejo hacer todo lo que quería, lo que no y lo que no sabía quería o podía.

Baile mucho, hable por teléfono, grabe slo-mos, mande voicenotes, y dejé prendidas las notificaciones de mi whatspp (PÉSIMA IDEA JAJA). Porque si corren saben y si no les platico, que un maratón es como tu cumpleaños o el día de tu boda, TODO MUNDO TE ESCRIBE.

Los que ya sabes, los que esperas, los que no y los que jurarías no aparecerían, esos también escriben. Ese ser humano que hablaría cuando dicen “Que hable ahora o calle para siempre” también. Pero sí había momento para que eso pasara, fue ahí y corriendo.

Hice todo lo que alguien profesional NUNCA haría en una carrera, lo sé, me queda claro la razón de mi un-eliteness (desconozco la existencia de este término corredor pero propongo fuertemente su existencia), pero en ese momento y en ese maratón me hizo todo el sentido. L.A. no me dio mi mejor tiempo, por mucho no, pero me regresó mi saber correr y me hizo sentirlo como mi primero y pensé eso ya no se podía.

Este último del que les platico me dejó abrir los brazos en las bajadas, no ver mi garmin cada milla, morirme de risa (muy peligroso, evite hacerlo), platicar y quererme poner a llorar del km 35 al 42. Me dejo contestar una llamada de mi mejor amigo, ese arte del audífono wireless, “No me cuelgues voy en el KM 41.5 espérame a que termine…”, y después un “… mejor te voy a colgar porque creo que voy a llorar y me voy a ahogar”. No me ahogué, no lloré, sigue sin pasar supongo soy el antitipo del corredor que cruza y llora, pero nunca digas nunca.

Y después de haber corrido por California y tomado todo el vino de esta costa y pedirles no corran L.A. a menos que sepan correr bonito. Después de jurar por primera vez me había roto algún hueso del tronco inferior. Me desperté, y en pijama sin bajarme de la cama porque era prácticamente imposible, me inscribí a Toronto.

La mejor decisión de mi vida.

(Aquí y así de fácil, luego les platico sobre el arte de: NO CORRER UN MAJOR)

Entonces aquí me tienen, de regreso a mi “Dalicolumna”, así le decimos yo, Jordi y los amigos de cariño, mientras investigo un poco sobre cómo ser la reina del bulletproof coffee (porque mis 5:00 AM siguen sin parecerme tan energéticas, si lo logro les paso el #tip), del fasting 16:8, de la mejor colación preworkout, que proteína tomar ¿vegana o no?, cómo llegar con abs a mi próximo maratón, que parte del maratón de San Francisco es mejor para correr mi próximo 21K, cómo no lesionarme nunca más, cómo sobrevivir mis 28 años sin comer croissants de almendra, qué hacer para lograr una doble sesión exitosa, todo eso y también haciendo todas las negociaciones necesarias con mi coach para que cuando pase a lado de él en la pista me diga que me frene un poco porque voy demasiado rápido. (Adjunto imagen también, soy la de negro)

Porque creo gente creo que ya estoy lista para correr un poco más rápido sin dejar de correr bonito. Y aunque las velocidades no son mi territorio, ya se me antojó.

Entonces aquí estoy otra vez, regresando con el amor de mi vida. Deséennos suerte, cambio y fuera.