La moda después del covid: cómo cambiará la industria cuando todo esto acabe

Volveremos a abrazarnos, a recorrer las calles, a tocarnos la cara, a vestirnos. Pero ni nuestros brazos, ni nuestro andar, ni nuestras ropas serán las mismas. Porque hemos cambiado varias veces desde entonces.

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Moda Covid
Foto: Izack Morales
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“Allí se dictaron postulados con respecto a la moda, que se consideraba como una forma de diversionismo ideológico y una sutil penetración de imperialismo norteamericano” escribió Reinaldo Arenas en su autobiografía (Antes que anochezca) sobre la moda en la Cuba comunista de Castro. Porque la moda es política. La moda es social. La moda es antropológica.

La moda no escapa la afección de ningún acontecimiento social que sucede en el mundo. Ante las revoluciones ideológicas y artísticas, florece; frente a las crisis, se adapta. Algunas veces para ofrecer su cara más funcional y otras incluso, propagandísticas. Con la Segunda Guerra Mundial, llegaron los pantalones femeninos; con la liberación sexual que trajo la píldora anticonceptiva, la mini falda, por citar solo algunos ejemplos. El ser humano ha convertido las necesidades básicas, desde las alimenticias hasta las de vestido, en disciplinas intrínsecas como la gastronomía o la indumentaria y ha hecho de ellas grandes industrias que mueven al mundo. Pero son precisamente los momentos como éste en donde todo lo que conocemos se ve amenazado, que volvemos hasta nuestros instintos más primarios y nos alejamos de lo superfluo. De estos lugares jamás regresamos como llegamos y salimos con el ineludible cuestionamiento de hacia dónde debemos dirigirnos ahora que no somos los mismos.

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Frente a la emergencia y el desabasto sanitario provocado por la pandemia de coronavirus en el mundo, la industria de la moda y la belleza puso en marcha su potencia logística y de producción para cubrir las necesidades de urgencia del equipo médico al frente de batalla contra el COVID-19. Tal como hace más de un siglo Thomas Burberry creó la gabardina para proveer al ejército de un material ligero e impermeable, las maquilas de la industria han dejado de patronar la última tendencia para favorecer la confección de cubrebocas y batas. Los grandes conglomerados de moda como Kering (Gucci, Balenciaga), LVMH (Louis Vuitton), Inditex (Zara, Massimo Dutti) y hasta un colectivo de artesanas ralámulis en Chihuahua han aprendido a darle un nuevo uso a su oficio para maquilar mascarillas de primera necesidad. Las divisiones de belleza de grupos como Puig (Carolina Herrera, Paco Rabbane), LVMH (Bulgari, Guerlain) o L’Orèal, y hasta las mismas cerveceras, han puesto sus laboratorios a disposición para producir gel antibacterial. La incansable y siempre veloz industria de la moda, se ha detenido.

Foto: Izack Morales

La constante búsqueda por prácticas sostenibles dentro de la industria de la moda urgía a ésta una desaceleración que parecía no llegar. Las colecciones entre temporadas –crucero y pre-fall- más las entregas estacionales y colecciones especiales, han puesto la moda en marcha a un ritmo tan desenfrenado que parece imposible de seguir. Marzo 2020 será recordado como el mes en que todo paró y coincide con la llegada de nuevas entregas a tiendas que se han debido postergar. Después de todo, hemos aprendido que la moda sí puede disminuir su velocidad y ésta será una exigencia que no se olvide. Ya son muchos los diseñadores que se han alejado del modelo tradicional de temporadas para presentar piezas pensadas en la durabilidad cualitativa y la atemporalidad de su estética. El consumidor ha descubierto también el valor de estas virtudes y se prepara para hacer compras conscientes que representen verdaderas inversiones de mediano y largo plazo.

Foto: Izack Morales

El periodo de aislamiento social nos ha hecho revalorizar el porcentaje real de nuestro clóset que verdaderamente necesitamos para sobrevivir. Los básicos han afianzado su preponderancia más que nunca. Por otro lado, el loungewear se abre terreno para favorecer a toda aquella moda que ha sido pensada para estar en el hogar. Si en los periodos de guerra pasados, la moda funcional benefició los pantalones cargo, los colores de camuflaje y las telas pesadas, esta guerra que se ha combatido en casa ha dado como resultado una moda funcional cuyo principal valor se traduce en la comodidad. La misma Anna Wintour ha aparecido en pants para dar un anuncio y con este sencillo gesto ha validado a una de las prendas más subestimadas y renegadas de la industria del vestido. ¿Será que el loungewear ha ganado su normalización en la indumentaria casual como la década pasada lo hizo el athleisure?

Foto: Izack Morales

La moda del futuro no será sostenible porque ese futuro nos ha alcanzado. La moda del ahora, debe regirse por los principios de la sostenibilidad y buscar durabilidad, permanencia y reducción su impacto. La lección pospandemia será que la industria puede y debe frenar su vorágine. A niveles estéticos, nos habremos habituado a una sencillez predominante que se traducirá en menor barroquismo, un imaginario que remita a lo natural, lo primario, lo esencial.