Hay marcas que nacen desde un moodboard, otras desde una tendencia, y después Sabrina OL, la marca homónima de Sabrina Olivares que nació de una emoción. Desde una mujer intentando poner en su propio cuerpo algo que la hiciera sentir más fuerte. Sabrina empezó en 2020 como un gesto personal (y político) para apoyar a organizaciones que combaten la violencia de género. Lo que comenzó como un proyecto casero en Nueva York terminó siendo un universo entero que hoy vive en un estudio de la colonia San Rafael, el mismo barrio que protagonizó su primer fashion film "Soldaderas" . Nada en esta marca es casualidad: todo está tejido desde la memoria, el movimiento y esa electricidad suave que existe en lo cotidiano.
Sabrina OL: la marca mexicana que teje memoria, deseo y poder
La marca es casi una extensión de la infancia de la diseñadora: su mamá arreglándose antes de ir a trabajar, el brillo de una sombra azul noventera, la delicadeza de la lencería como un ritual privado. De ahí viene su interés por esa mezcla entre fuerza y vulnerabilidad, por prendas que no empoderan sino acompañan. Sabrina no está aquí para dictar feminidad, sino para abrir un espacio donde cada mujer encuentre la suya. Eso explica por qué sus piezas, como el icónico top liguero o la mini polo reinterpretada , funcionan como pequeñas escenas: objetos que transforman cómo te habitas, cómo caminas, cómo te reconoces. Y detrás de cada prenda está su equipo de mujeres en San Rafael, diez personas que cosen, deciden, experimentan y ponen algo de su propia vida en cada puntada.
Lo más emocionante es que Sabrina no se limita al diseño: también juega, prueba, se equivoca, y vuelve a empezar. Desde materiales deadstock del centro hasta textiles importados de Japón y Corea, su proceso es una conversación constante entre el pasado y lo que viene. De ahí nace RE/ , su línea de colecciones cápsulas hechos a partir de piezas recicladas. Su nueva colección, TEASE , lleva esa misma idea al terreno de lo íntimo con lencería que no se toma demasiado en serio: tules que parecen tutús, bras dobles con humor surrealista y colores que rompen con el cliché del erotismo. Un universo de intimidad, velocidad y libertad.