¿Quién, cómo, cuándo, dónde y por qué se sigue comprando Alta Costura?

Existe una pequeña sociedad en la moda casi secreta. Inaccesible, inalcanzable e imparable, los pocos y afortunados compradores de alta costura.

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Que las casas más importantes de alta costura como Chanel, Christian Dior o Jean Paul Gaultier tengan maniquíes con tus medidas en su atelier sólo puede provocar una cosa: las ganas de no volver a comprar prêt a porter. Esta fantasía de ultra personalización es realidad para Mouna Ayoub, la coleccionista más grande de Couture en el mundo y una de las 4,000 personas que pertenecen a la reducida élite capaz de llamarse “cliente” de este arte.

 Para Ayoub, son figurines customizados en cada taller que ostenta las credenciales de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne; para otros clientes, que un representante del atelier acuda personalmente a la ciudad del mundo en la que se encuentren para hacer los fittings. Porque en una sociedad que se mueve a la velocidad de la nuestra, ¿quién tiene tiempo de volar a París para las pruebas de rigor que exige la alta costura? Así que si eres de los escépticos que se cuestiona por qué alguien seguiría comprando couture en el siglo XXI, puedes palomear ‘experiencia de compra’.

Mouna Ayoub en Cannes / Foto: Getty
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Sin embargo, las motivaciones de estos compradores tienen poco qué ver con el servicio y mucho más con lo que se obtiene a cambio; y no, no nos referimos a la pieza misma, sino al prestigio. En una era posindustrial en la que esta disciplina artesanal podría parecer un anacronismo, la couture representa lo opuesto, el máximo lujo de nuestros días: tiempo. Quien viste alta costura camina con la seguridad de que lleva las telas, aplicaciones y acabados más exquisitos, pero además, ostenta en cada una de sus prendas de 100 a 700 horas de trabajo.

“Una mujer tiene la edad que se merece”.

Esta elevada especie de la moda pertenece a la misma categoría de compradores especializados en la que se encuentran coleccionistas de relojes o arte, y aunque en tu cabeza puedas imaginarlos como celebridades de red carpet, jequesas o aristócratas, el segmento que está ganando fuerza en el nicho son los millennials. Su aprecio casi obsesivo por la labor manual, el origen de los materiales y la personalización, los hacen los candidatos ideales para valorar una pieza couture en todas sus partes. Su sentido de conjugación de opuestos –como lujo y streetwear- también ha aportado un nuevo acercamiento aterrizado, urbano y refrescante a la alta costura.

Mas no solo la edad ha cambiado, la brújula couture también señala hacia nuevos horizontes y en la última década ha apuntado con fuerza hacia el creciente mercado medio oriental y asiático, haciéndonos testigo del despertar de ciudades como Dubai, Shanghái o Tokio como nuevas súper potencias del lujo.

Es cierto que la alta costura del siglo XXI ha reducido su número de clientes a una quinta parte en relación a los tiempos de Monsieur Dior, pero el número de piezas promedio por cliente también ha aumentado y su influencia se ha extendido hacia lugares inesperado. El centralizado savoir faire parisino gobierna desde la capital parisina un imperio que no descansará en la conquista de nuevas generaciones y naciones.

Street Style Fall-Winter 2018 // Foto: Leo Faria @leofaria