La sustentabilidad en el lujo ya no es opción, ¡es obligación!

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Ya no se trata de una posibilidad. Tampoco lo es una exclusiva. Mucho menos una ostentación. Hoy, el lujo, desde la mirada de la propia industria, es o una inversión o una experiencia. En cualquiera de los dos casos, hay una preocupación compartida: como su crecimiento en alrededor del mundo está cambiando sus procesos y, dentro de ellos, hay un lugar especial para la sustentabilidad.

Un concepto que cada día se convierte en esencial en la industria (en ésta o en cualquier otra) y que responde a la necesidad de no intervenir o destruir en la etapa de producción y distribución (por ejemplo, el kilómetro cero, una iniciativa que busca que los productos primarios para la fabricación de cualquier objeto estén lo más cerca de la fábrica donde se usarán).

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Stella McCartney es una de las firmas que se ha distinguido por su compromiso con el medio ambiente.

“Hoy, cada marca de lujo sabe que una de sus garantías de calidad, y una exigencia del consumidor, es la manera en la que trabaja y se adapta en su medio ambiente. Para la gente ya no se trata de pagar sólo lo impagable o lo único, sino aquello que cumple con varias funciones, siendo una de las centrales la de que sea sustentable. La última década, el mercado del lujo ha trabajado de cerca con organizaciones y asociaciones para entender como transformar prácticas y como adaptarse a los procesos que involucran el desgaste del planeta. Punto y aparte de las obligaciones que cada gobierno puede imponer, las marcas de lujo se han impuesto valores muy altos y eso es justo hoy uno de sus diferenciadores. Ahí, en ese esfuerzo, la gente ve lujo”, comenta Marcia March, miembro del Fondo Mundial para la naturaleza (WWF), tras su presentación en Luxury Lab (CDMX) donde dejó en claro que hoy el lujo o es sustentable o simplemente no es.

Un argumento que comparte de cerca Diana Verde, cofundadora de Positive Luxury, encargada de certificar no sólo los procesos sino también las filosofías detrás de las grandes marcas de lujo que buscan que el icónico sello de la mariposa (garantía de sustentabilidad) aparezca en cada uno de sus productos.

“La gente entiende que el lujo es una inversión. Pero no sólo una económica. Es temporal, emocional, valórica…es una inversión en un objeto que no sólo respeta cada uno de sus procesos de calidad, sino también se adecua a las necesidades del medio ambiente. La gente valora que el lujo tenga esa identidad y que cada marca tenga como obligación mostrar cada una de sus causas y sus efectos. En estos años hemos aprendido que la autonomía para trabajar en relación a la sustentabilidad en las marcas de lujo es algo que viene desde la propia marca y hoy, el lujo no puede trabajar de otra forma”, declara Verde, también tras su presentación en Luxury Lab.