Las flores del jardín de Christian Dior

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Por Juan Carlos Villanueva

Dicen que infancia es destino, y pienso en el universo que decoró cada uno de los espacios infinitos que articularon los primeros años de vida del diseñador de moda francés más exitoso del siglo XX: Christian Dior.

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Si uno se pasea por la casona de Les Rhumbs, un viejo edificio de la belle époque, uno puede adivinar que el rosa de sus muros fue el tono que dictó la armonía de sus vestidos. Puedo suponer que los jardines colmado de jazmines iluminaron la mirada de un pequeño que soñaba con formas y colores. Aquello fue un paraíso que albergó en sus entrañas al niño que se convertiría en genio.

Frágil, sensible, tímido, como las aves y su imposta –ese instinto por imitar lo primero que ven– Christian creció emuló lo vulnerable de los jazmines de su jardín y tuvo que llegar a los 40 años para emprender el vuelo.

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Nacido en Francia el 21 de enero de 1905, Dior comenzó a trabajar en la moda haciendo bocetos para importantes diseñadores parisinos de la época; sin embargo, fue hasta 1946, con el respaldado del magnate textil Marcel Boussac, que estableció una casa de alta costura, la cual, en veinte años se expandió a 15 países. Asimismo, diversificó el negocio hacia otros productos de lujo, como perfumes o joyas. Se convirtió en un genio que brillaba como un diamante.

Entonces, pienso que aquél jardín tan vívido y colorido de Les Rhumbs, donde llegó a vivir a sus tiernos 2 años de edad, fue el lugar donde el tierno Christian vivió los días más felices de su vida, de suerte que aquellas flores y aromas silvestres inspiraron toda su obra y su vestir femenino.

“Dibujé mujeres flor, con hombros dulces, busto generoso, cintura de junco y faldas tan abiertas como un torbellino de pétalos”, decía Dior de su obra. Fueron aquellas flores sembradas en el jardín de su infancia que crecieron en su obra y legado. Supongo que infancia es destino.

Feliz cumpleaños Christian Dior.