Desayunar entre diamantes es muy cool

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Había oído hablar de la película Breakfast at Tiffany’s, pero confieso que no la había visto. Al recibir la tentadora invitación de la marca para vivirlo en persona, me di a la tarea de ver la cinta y así saber de qué trataba. Pues bien, nuestra experiencia en la emblemática y enorme joyería (7 pisos) de la 5ª avenida en Nueva York fue mucho mejor que la de Audrey Hepburn en la cinta. Lo primero es que ella, Audrey, desayunaba una dona y un café justo frente a la joyería, mirando los escaparates, pero no entraba. A nosotros en cambio, nos esperaba una increíble aventura que duraría toda la mañana. Entramos a la tienda a las 9 am y el display de mesas adornadas con increíbles flores distribuidas por entre las vitrinas repletas de piezas fantásticas, elegantes meseros y un delicioso menú nos daban la bienvenida.

 

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A un lado de los comensales, o sea, de nosotros, en una ventana a prueba de todo y realizada especialmente para él nos observa el diamante Tiffany, uno de los más icónicos y de mayor tamaño del mundo joyero (cuando Charlie Tiffany lo adquirió este diamante amarillo, tenía 287.42 quilates y después de la talla quedó en 128.54) cualquiera de los diamantes blancos que lo acompañan (20 de casi 4 quilates cada uno) podrían hacer las delicias de cualquier chica que va a decir “Sí, acepto”. Haber desayunado en Tiffany de la 5ª avenida es uno de los ratos más placenteros y brillantes que he pasado. Y todavía nos esperaba mucho más: conocer la colección del Blue Book diseñada por la Francesca Amfiteatrof, la primera mujer que ha llegado al puesto de directora creativa de la casa y que está  inspirada en el mar. Seguiré informando.

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