Todos tenemos uno, ese electrodoméstico que lleva años en casa, incluso generaciones, y que, sin darnos cuenta, ha estado presente en absolutamente todo. En las mañanas con prisa, en las cenas improvisadas, en las mudanzas, en los cambios de rutina y hasta en los momentos más simples que, al final, son los que más recordamos.
Porque hay objetos que dejan de sentirse como objetos y se vuelven parte de la dinámica familiar, del día a día, de la historia personal de cada hogar; nos rodean en esas conversaciones en la cocina, en Navidades y cumpleaños, son nuestros aliados silenciosos y compañeros inquebrantables.