Casas vacías: conversaciones con Brenda Navarro (autora)

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Casas Vacías
Foto: Fer Aragonés
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Fernanda Aragonés: Pedí tu libro Casas vacías a Sexto piso antes de saber que platicaríamos. Tenía ganas de leerlo pues hace un año entrevisté a Emiliano Monge y me recomendó libros fantásticos, así que al leer sus comentarios sobre el tuyo, tuve que conseguirlo. Lo terminé en un par de horas. Es difícil que surja esa urgencia por las páginas de una novela, pero me pasó también con El cielo árido (de Emiliano). Creo que hay algo en común entre ambos libros -además de las caras poco familiares de la violencia que describen: incómodas, difíciles de aceptar. Tu libro aborda la violencia que existe en la maternidad…

Brenda Navarro: ¡Mucha gente dice eso sobre ambos libros! Y sí, creo que Casas Vacías se ha recibido de una manera muy incómoda -para bien- para cuestionar y generar diálogo. Para eso son los libros. Para transmitir ideas y abrir otros diálogos. Me parece importante como un libro te lleva a otro, como hay un eje que va dirigiendo. A lo mejor es la violencia, a lo mejor es el país, la estructura de las cosas, los sucesos que no se nombran o -todo lo contrario- lo que hablamos en privado, pero no en lo público. Pero ahora hay este boom de las mujeres que empezamos a poner temas sobre la mesa que no estaban tan admitidos…ahora se puede hacer literatura con temas que antes no pensábamos posibles…

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FA: Hay un libro llamado El bebé (de la francesa Marie Darrieussecq) que habla de la ruptura de la individualidad y el proceso emocional que eso genera en una madre. Me parece que tiene cosas en común con el tuyo (aunque el otro me pesó, y no pude terminarlo…)

BN: No lo conozco pero hay un libro que en inglés se llama La niñera perfecta, y habla de cómo la maternidad rompe y desestructura (pero en el libro lo transfieren a la niñera). Es una introspección sobre el querer una vida tranquila y cómoda, y como los niños pueden complicarla, o confrontarnos porque supuestamente no podemos sentir ciertas emociones negativas hacia alguien pequeño o inocente. Pero se sienten. Es parte de ser humanos. Nos enojamos y estamos contentos a la vez; pasa con la pareja, la amas, pero puedes no tolerar cosas de ella. Puedes sentir cosas negativas y no por eso dejar de querer.

BRenda Navarro
Brenda Navarro

FA: ¿Por qué todos los personajes de la novela tienen nombre menos las dos mujeres que son voces principales de la historia?

BN: Era una forma de demostrar cómo cuando dejas de ser sólo mujer te invisibilizan. Empiezas a ser la novia de, la esposa de, la hija de…esta generalización de las mujeres des-individualiza. Siempre eres algo de. Yo quería que causara este conflicto. Siempre nos estamos borrando. No nos nombran como somos, no nos están viendo como seres individuales sino en función de otras personas.

FA: ¿Eres socióloga con estudios en Derechos Humanos, y Economía?

BN: Sí. Y otras cosas más. Yo quería ser académica. Quería escribir pero nunca pensé que sería de forma profesional, no era el objetivo. Quería saber qué pasaba en el mundo porque hablar de nosotras mismas es aburrido, se agota lo que podemos decir, pero cuando analizas desde lo social o político hay cantidad de historias. Falta tiempo para escribir lo que sucede en el mundo.

FA: ¿Hay algo autobiográfico en tu libro? Me impresiona la especificidad con la que describes ciertas conductas y situaciones (por ejemplo, los comportamientos de una persona con TOC)

BN: Creo que las personas que nos dedicamos a escribir somos demasiado aburridas, y por la monotonía de nuestra vida es que vamos buscando cosas para sorprendernos. Cierta insatisfacción de decir: esta es la vida que tengo y me gustaría ser más cosas. Podrían ser alter egos, aunque no quiere decir que yo quisiera ser una persona super violenta o que me pasaran las cosas que suceden en mi libro, pero quizá sí romper o explotar…La primer herramienta de quien quiere escribir es la observación. Y por ejemplo, sobre las violencias: siempre hablo sobre la influencia que tuvo en mí Los hijos de Sánchez, libro que además es un estudio antropológico que cuando leí pensé que era literatura. Me marcó muchísimo descubrir que existe tanta violencia en una misma familia. Esto se refleja en la primera voz de mi libro…son referencias tomadas de la literatura.

FA: Es doloroso leer la imposibilidad de liberación (de sí mismas) que experimentan las mujeres en tu libro, y a la vez creo que ciertas veces, todas nos sentimos así…

BN: Creo que nos pasa a todas. En ciertas circunstancias todas hemos llegado a momentos donde nos sentimos muy solas. Mi intención no era hablar de maternidades, sino de la soledad que tienes como mujer. De las decisiones que tomas y pueden arruinarte la vida…ambos personajes son mujeres que no tienen tantas redes…son mujeres muy solas que tienen que tomar decisiones muy trascendentes en la vida pero siempre en función de alguien o algo más, y siempre creyendo que ese camino les va a llevar a ser felices.

FA: Tristemente la maternidad a veces es percibida como la posibilidad de condensar una vida evaporada. Algo a lo que aferrarse para mantenerse, aterrizar, sostenerse. Condensar carencias, incertidumbres e imposibilidades en algo (alguien) para contenerse a una misma.

BN: …en México ni siquiera existe la posibilidad de sacar tu carrito y pasear a tu bebé. Los traslados, horarios, trabajos no te permiten tener tiempo de calidad con tu bebé. Hay tantas jornadas de trabajo -dentro del trabajo de la maternidad- que por supuesto que no te va a llevar a la felicidad. Te va a llevar siempre a la frustración, al cansancio. A cuestionar quién te está ayudando. Ni siquiera existe aquí un estado que proporcione todos los derechos o herramientas…no les interesa darnos una vida digna o respetar nuestros derechos, ¿cómo puedes ejercer una maternidad alegre así?
Invisibilizan lo maravilloso de ser mamá: dar vida. En este país en vez de agradecernos el dar vida, nos están matando.

FA: Tengo una hija de diez años, y es más adulta que yo. Me ha salvado de ser atropellada, sabe cocinar, ayuda en casa, hace la tarea sola. Tiene un grado de madurez emocional superior al mío. Me enorgullece, y a la vez me genera culpa: sentir que le robé infancia; por otro lado, a nosotras nos roban la posibilidad de una maternidad libre y así ¿cómo le hacemos? La ruptura en la responsabilidad de la crianza conjunta (con la pareja, y también con el estado) provoca que los niños crezcan demasiado rápido…

BN: Es interesante lo que dices. En mi novela es importante el personaje de Fran porque, al leer el libro alejada de la escritura, me di cuenta que Fran es como todos los padres mexicanos -y la mayoría de los padres- que creen que con procurar una estructura económica es suficiente, que siempre están ausentes y dejan que las madres hagamos todo. En México es clarísimo, y tú lo dices, la mayoría de las madres son jefas de familia porque los hombres se van (o no están)…hay muchas familias que están “juntas”… hombres que tienen hijos con una mujer pero terminan con otras familias o cuidando otros hijos. Hay cero responsabilidad de los hombres respecto a ser padres, también eso hay que cuestionarlo. Está bien que queramos ser madres solteras, que podamos valernos por nosotras mismas, pero estaría bien que ellos entendieran que no pueden ir por la vida dejando niños con carencias…

FA: Nagore es un personaje del libro que inspira admiración y ternura, sin embargo, a pesar de su temple y empatía tiene un punto de quiebre anunciado. Cuando sucede te rompe el corazón, y a la vez te abre los ojos: el círculo de violencia existe. Yo veo a la violencia como un accidente que te sucede y te vuelve violento -contra ti mismo o contra otros- que genera abuso de esta misma forma. ¿Tú crees que el círculo de la violencia es inevitable simplemente por sus repercusiones psicológicas, o que existen factores alterno?

BN: Vivimos, desde hace siglos, una sociedad violenta donde además tiene que haber ganadores y perdedores siempre, es el fin. Y para que alguien gane hay relaciones de poder muy fuertes que se ven representadas en las relaciones familiares, laborales, etc. En el caso de Nagore también es una especie de revelación hacia su entorno y de decir: Basta, he vivido todas estas cosas sola, y he sido lo más humana dentro de mi infancia (no podría ser de otra manera) pero ya no quiero que creas que puedes seguir abusando de mi.
Y es que, desgraciadamente, un abusador no va a detenerse hasta que vea que la otra persona puede defenderse…además Nagore ya se está volviendo adulta…quiere respuestas. Ella representa un cuestionamiento profundo de la mujer.

FA: La madre de uno de tus personajes se disculpa por haber criado a un abusador. Eso me despierta muchas emociones, y una duda ¿Si nosotras -principalmente- criamos a los niños por qué se vuelven violentos?

BN: Porque no podemos abstraer a los hijos del mundo, creemos que lo vamos haciendo bien: les estamos transmitiendo nuestros valores e ideas, pero son seres totalmente independientes que van absorbiendo lo que les conviene y que van a ir aprendiendo solos…y las personas vamos cambiando respecto a nuestras experiencias, y generalmente son las experiencias duras las que te van formando. En el caso de los hombres hay una socialización de la violencia desde las escuelas: la forma en las que los obligan a relacionarse, las exigencias que les dan…muchas cosas que parecen intrascendentes pero que sí los van formando.

FA: Para cerrar, sé que tienes un proyecto llamado #EnjambreLiterario el cual me gusta porque busca difundir a mujeres escritoras sin celar sus escritos, encontrando vías para publicarlos (aún a través de alianzas con otras editoriales) ¿dónde podemos encontrar los títulos?

BN: Son libros que principalmente se llevan a Ferias o se venden de forma más personalizada…pero en sitios como Casa Tomada, seguramente los encuentran. Eso en México. En otros países pueden pedirse vía Amazon, aquí también pero tardan más.

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