Todologías y otras formas de sobrevivir

Un día en la vida de Fer Aragonés

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Foto: Instagram @feraragones
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La ruta del coche marca 52 minutos. Casi una hora en el tráfico. Casi una hora para escribir esta columna. Ayer terminé de escribir a las 3:30 de la mañana. Me desperté a las 8. En otro mundo eso sería dormir poco, en este significa que dormí demasiado. Le robé una hora entera a mi día y varias al de mi hija -quien no fue al colegio porque no escuché la alarma-. Para mi no está mal. Tengo su compañía durante el día. Puedo enseñarle cosas que no se aprenden en clase. Para ella “más o menos mal porque sí había hecho la tarea”. La primera junta fue a las 9 y parece no haber terminando aún. Pase el día en el teléfono. La vida fue sucediendo en otro plano, uno que al estar aquí dentro, se percibe como… un apenas. Como si las cosas sucedieran en una vida extra.

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Todo va tan rápido que no me doy cuenta hasta que llego a casa y quiero parar, pero no puedo. La casa me reclama. La casa exige que la atienda. Vuelve a sonar el teléfono. Con una mano atiendo la casa y con la otra hago cosas que después olvido. Cómo prender la tetera o regar las plantas. Las hago de nuevo. Me meto a bañar. Vuelve a sonar el teléfono. Del otro lado, él me cuenta su día. Con la mano que sobra trato de ponerme las medias, subirme el vestido, abrocharlo y peinarme. Lo logro. Celebro una victoria con gestos. Seguimos hablando. Me dice que su día ha terminado. Le digo que el mío va a la mitad. Falta ir al teatro y presentar la obra en la que he estado trabajando (no actuando), y correr a la cena de un proyecto -que no quiero hacer pero paga la renta-. Su silencio desaprueba. El mío también. El suyo me molesta. Me confronta. Resume todo lo que no quiero. Expande todo lo que ya sé: estoy haciendo algo que no quiero, y no me gusta.
Me incomoda. Me entristece. Me vuelve insegura. Empiezo a explicarnos en voz alta por qué lo estoy haciendo. En un mundo ideal (o en otro lado) podría vivir de hacer (solamente) lo que quiero. Escribir no da para vivir. Ninguna noticia por ahí. Tampoco el trabajo editorial.

La producción de foto y campañas son sumamente inestables. Así que hago otras cosas (que detesto…generalmente con marcas) para poder trabajar en lo que quiero. Es decir, tengo un trabajo para mantener mi otro trabajo. Y la casa que exige. Y la hija a la que – a veces- no llevo al colegio para que aprenda la vida. Y también, para comprarme el espacio que me permita tener una relación…

Dejo mi inseguridad en el baño; lo pienso hasta la sala. En la cocina decido que él único problema aquí, es mi inseguridad.

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Pato, pato, pato, glade.

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55 minutos, 5minutos antes del ETA, descomprimida, con la columna lista.

Resulta que el tráfico tampoco está tan mal…