Freeing the nipple… o por qué soy una feminista accidental

"I´m freeing the nipple.... y otras cargas", Fer Aragonés

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Foto de Karla Lisker
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Creo que el feminismo es una ideología que debe construirse individualmente. No hay una sola forma de feminismo. Mientras haya congruencia cada quien puede ser feminista a su manera. Yo soy una feminista accidental. Jamás he tomado la decisión de serlo. Tampoco decidí ser vegetariana, y lo he sido toda mi vida; fue algo instintivo: nací repudiando la carne roja y buscando argumentos con los cuales defender mi individualidad. Desde ese mismo instinto, he tomado decisiones/sumando acciones que resultan en mi (forma propia de) ser feminista.

Amo ser mujer. Me enamora ser mujer. Me fascinan nuestras formas y nuestros cuerpos. Me fascina ese poder de ser frágil y fuerte al mismo tiempo. No me asusta saberme menos fuerte (físicamente) que la mayoría de hombres -y mujeres- que conozco. Tengo el umbral de dolor físico más alto que conozco, y eso me parece terrible pues compenso la falta de dolor físico de forma emocional.

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Me enorgullece tanto mi feminidad como mi lado masculino -y aún cuando este es más tenue- es fundamental para la construcción de mi ser mujer. Casi todos los días hay un momento donde tengo conciencia de serlo, y sonrío. Un momento en el que me percato de lo que estoy haciendo, como si fuera otra persona quien me observa, y me conmueve. Suena extraño, pero sucede. Como también suceden ciertas cosas que no me gustan de ser mujer. Desgraciadamente esas no puedo verlas desde fuera, sino sentirlas de forma intensa y, muchas veces, abrumadora. Como -el periodo-. De verdad me molesta -el periodo-. Su nombre, su necedad, su imposición, y su falta de empatía. Esto no resulta de algún trauma. De verdad la paso mal 8 días del mes. Mi cuerpo enloquece. Vivo en estado de emergencia hormonal. Sufro de confusión climática: sudo frío y necesito traer un abrigo estando a 25 grados centígrados. Puedo reír y llorar al mismo tiempo. Varias veces al dia. Me dan nauseas, mareos, febrícula. Tengo pensamientos por generación espontánea. Lagunas mentales, pesadillas, tristeza, ansiedad, cambios de humor, y el requerimiento calórico de una aldea. Sí. Hay cosas duras, o por lo menos increíblemente incómodas de ser mujer, que no puedo cambiar. Mientras las navego, pienso en esas otras incomodidades que han imputado a mi ser mujer -y a las cuales me obligo como si fueran inevitables-.

Foto: Karla Lisker

La depilación es anti-natural. Más que eso. La depilación es abuso. Un abuso por el cual, además, pago. Finjo que me quiero mientras pido que me pongan cera caliente en…cualquier parte del cuerpo. Ninguna práctica “de belleza” que incluya arrancar partes del cuerpo con algo parecido al resistol (hirviente) refleja amor propio. “Pero señora, el truco es tomarse un dolac sublingual antes de la sesión”. Eso me lo recetó el dentista después de sacarme las muelas. Mejor no. Pero gracias.

Y qué decir del uso del brassiere. No puedo soportarlo. Me siento obligada a utilizar un objeto (de nombre desafortunado) que no necesito. Es ridículo. Ni siquiera existen de mi talla. Tengo que buscar en lugares de deportes o de niñas para poder encontrar alguno que no me perfore las costillas ni se vea como si me hubiera rellenado con calcetines. Basta. Con la misma seguridad con la que acepto las partes que me molestan de mi cuerpo, acepto que amo mi pecho. Lo celebro. Me parece que tengo unas tetas, boobies, boobs, chichis, etc. muy afortunadas. ¿Por qué perder tiempo buscando accesorios que me ayuden a negarlas? Corpiños, tops, cinta doble cara, parches, curitas y micropore. Es más útil visitar la tlapalería para lograr esconder mis pezones (no tengo casi nada más) que una tienda de ropa. Lo más grave es que yo misma perpetuo la situación. Se acabó. Quiero vestirme sin tener que desarrollar un sistema de ingeniería para taparme. Quiero usar una camiseta sin tener que disfrazarme de humano sin pezones.

Foto: Karla Lisker

Hace dos semanas me negué el usar libremente la blusa de mis sueños por ser (semi) transparente. Me sentía segura y feliz hasta que me topé con otras personas. Vi su cara y regresé a buscar el único brassiere que tenía en la maleta. Salí sintiéndome como si hubiera perdido algo. Y sí, definitivamente perdí algo. El miedo a enseñar mi cuerpo como es. El brassiere para mi es simplemente una palabra horrible y un objeto limitante, no un accesorio funcional . I´m freeing the nipple…. y otras cargas.