Declaro la guerra en contra de mi peor enemigo que es: la ansiedad

La ansiedad es más común de lo que pensamos. Quienes la padecemos, sabemos que se puede controlar. Pero no, no es normal vivir con ella, ni que quienes nos rodean la sufran con nosotros.

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Ansiedas
@doniabatata para ELLE México
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Por: Alexa Grunn

Empecemos por definir qué es la ansiedad. Puede ser que le estés echando la culpa de mucho (como a Mercurio retrógrado), pero no sepas bien si estás sufriendo un ataque de
pánico o solo estás viajando en el tren de la histeria colectiva. De cualquier modo, para controlar algo primero debemos entenderlo. Seguramente muchas veces te has sentido
nervioso en algún suceso laboral, en momentos previos a un evento importante, antes de presentar un examen o por la incertidumbre de algo que sucederá en el futuro. La ansiedad no es otra cosa que llevar este nerviosismo al límite. Lo malo es que se manifiesta con síntomas que asustan hasta que se convierte en un Everest imposible de conquistar. La buena noticia es que es un fenómeno mental que se puede controlar.

Inquietud, palmas sudorosas, falta de atención y miedo son algunos de los primeros signos de que estás nervioso. Si eso que te provoca estrés está en el futuro cercano, lo más sencillo para superar la ansiedad es armarte de valor y afrontar lo que sea que venga. Pero, ¿qué tal cuando las cosas que no puedes controlar son imprecisas? Es entonces cuando empiezas a experimentar síntomas más severos como insomnio, un sistema inmunológico frágil, falta de apetito o ganas de comer de manera compulsiva, malestar estomacal, presión arterial alta y dolores de cabeza. Ahora, si dejas que todo esto se cocine un rato mientras estás tratando de sacar el mes –o el día– adelante, ¡PUM! le darás la bienvenida a un ataque de pánico. ¿Y eso cómo se siente? Imagina una fuerte opresión en el pecho que te impide respirar, taquicardia y la sensación de que el mundo se te viene encima y no eres capaz de hacer nada. Para algunas personas es tan extremo, y se bloquean tanto, que creen que morirán de un ataque.

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Ahora que ya puedes reconocer y entender mejor a tu enemiga la ansiedad, ¿qué podemos hacer para disminuirla y combatirla a largo plazo? Empieza por verte en el espejo
y decirte algo bonito. *You is smart, you is kind, you is important.* Haz el experimento de ser realista y conscientemente bueno contigo, agradecerte, felicitarte y hasta abrazarte, ¡te
juro que funciona! Esto marcará una gran diferencia porque la tranquilidad y la gratitud que te transmitirás no conviven con la ansiedad.

Te recomiendo también que trabajes con las siguientes herramientas para: 1. traer la mente al presente, 2. distraer la mente de pensamientos repetitivos, nocivos y que solo son supuestos y no representan la realidad, 3. sacarte de un limitado punto de vista y ampliar tu visión de la realidad, y 4. relajar el cuerpo.

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Ilustración @doniabatata

MEDITA. Esto ayuda a traer la mente al presente. Lee para distraer la cabeza de eso que tanto te está preocupando. Cuando usas tu imaginación jalas tu mente a un presente que sucede en el libro, a la página en la que estás. Corre o nada sin cronómetro para relajarte y producir endorfinas. Camina descalzo en el pasto o da un paseo rodeado de naturaleza mientras observas la luz, los colores, las sombras y los sonidos, todo esto
trae tu atención al momento. Utiliza aromaterapia para relajarte antes de dormir y
disfrutar el espacio en el que estás ahora. Haz trabajo de voluntariado para salir de
tu cabeza y ver el panorama más amplio del mundo en el que vives y lo que sucede
en la vida de otros. Cuida de una mascota, la convivencia con animales relaja, especialmente con los perros, y te obliga a ocuparte de alguien más que no eres tú, con
tus pensamientos nocivos. Escribe o haz algo creativo como catarsis de tus emociones; transforma tu ansiedad en una obra de arte. Ordena un metro cuadrado de tu
espacio personal, el orden da paz mental. Haz listas de tus tareas, verás que el
ponerlas por escrito te quita el pendiente de estarlas repasando en tu cabeza para
no olvidarlas y esto calma la mente, sobre todo antes de dormir. Y por último, mi recomendación más importante, y la razón por la que los casos de ansiedad aumentan cada día más y con mayor intensidad: ¡DESCONÉCTATE! Apagar el teléfono establece un límite claro con otras personas que esperan cosas de ti, evita que te estés comparando con referentes falsos e inalcanzables (¿cuántas veces checaste hoy el Instagram de esa persona?), que te construyas ideas erróneas de quién eres y lo que quieres, y que te dé el famoso FOMO (fear of missing out), o sea que sientas que te estás perdiendo planes en los que te gustaría haber estado.

Existen medicinas, mejor conocidas como ansiolíticos, para ayudarte a disminuir la ansiedad. Pero para eso te recomiendo que consultes a tu médico de carne y hueso, no en internet, y que cuente con una especialidad en salud mental, no una de tus amigas. La mayoría de estos medicamentos funcionan como paliativos para disminuir los síntomas pero sin atacar la raíz del problema, o sea tu incesante, terca y parlanchina
mente. Pero estoy segura de que si te volteas a ver y hechas mano de las herramientas que te menciono en este texto puedes, como dice la autora Sarah Wilson, hacer a la bestia hermosa y aprender a domarla tú mismo. Así que acuérdate: big picture, no estás solo, respira, sonríe y continúa.