El arte de la empatía: el derecho a ser distintos y a ser tratados como iguales

Celebremos Junio, el mes PRIDE

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It Gets Better Mexico
Foto: Getty Images
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Por: Alex Orué, director ejecutivo It Gets Better México

En septiembre de 2010, a escasos cinco años de los inicios de las primeras plataformas de redes sociales, en Estados Unidos se empezó a entender los efectos del ciberacoso. Gracias a la cobertura de los principales medios de comunicación, vimos una oleada de casos de jóvenes que tomaban sus vidas después de haber aguantado agresiones verbales y físicas por parte de sus compañeros de clase y la ineficiencia de las autoridades escolares para detenerlas. ¿El común denominador? Estos jóvenes eran percibidos como gays o lesbianas.

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Alrededor de 30 casos sacudieron a la sociedad estadounidense, que parecía desconocer los alcances del acoso cibernético y que apenas parecía cuestionarse el acoso escolar como algo normal en la vida de los jóvenes, “una etapa que había que superar” o que “formaba al carácter”. Para quienes crecimos con el internet pero antes de las redes sociales, el “bullying” no era un concepto nuevo, pero quienes lo vivimos sabíamos que podíamos olvidarnos de todo aquello, por lo menos en la seguridad de nuestras casas. Sin embargo, para quienes crecieron con estas plataformas, escapar de esto no es una opción.

Crecer y encontrar tu voz y espacio en este mundo puede ser un trayecto complicado, pero cuando recibes mensajes negativos sobre cómo te sientes e identificas –especialmente de quienes deberían amarte y aceptarte por quien eres–, la adolescencia puede ser una etapa muy solitaria. Si eres objeto de algún acto discriminatorio por tu raza, por tu nivel socioeconómico, tu nacionalidad o por tu fe, seguramente al regresar a casa estarás rodeado de gente de tu mismo contexto; pero cuando eres LGBT+, muchas veces nuestros mismos hogares pueden ser estos espacios hostiles que contribuyen a que interioricemos miedos e incluso odio.

La vigilia que se llevó a cabo en Los Angeles después de la matanza que hubo en Orlando, Estados Unidos
Foto: David McNew / Stringer/ Getty Images

Históricamente, hemos sido exiliados de nuestras comunidades. El motivo de por qué existen guetos gays en las principales ciudades alrededor del mundo, es porque hemos tenido que construir nuestros propios espacios para sobrevivir, hacemos comunidad. Así nació Castro en San Francisco, Greenwich Village en Nueva York y Zona Rosa en CDMX. Conforme hemos ido ganando aceptación social, también hemos ganado espacios fuera de estos guetos, pero pareciera que muchos de los estigmas a los que nos enfrentamos en los 70’s y 80’s aún les pesan a las nuevas generaciones.

Queda claro que en papel las cosas han mejorado en temas de inclusión, pero ¿qué tanto hemos sido efectivos en cambiar mentes y corazones para crear hogares más seguros para los jóvenes?

Desde It Gets Better México le apostamos a contar nuestras historias. Ponerle cara a las estadísticas o a “aquello” sirve para humanizarnos. Entre tanta desinformación, solo me puedo imaginar lo que le tocó a la generación de mis padres entender lo que significa ser gay o lesbiana. Partiendo desde que toda madre y padre quiere lo mejor para sus hijos, un futuro tan incierto y caótico como lo ven, por lo que creen saber de nuestras identidades, entiendo que las primeras reacciones sean de negación, rechazo o incluso de intentar acercarles a servicios que creen van a ayudarles a “cambiar”, cuando en realidad llevarnos a reprimir nuestra naturaleza solo llevará a vidas frustradas con desenlaces irreversibles. El amor mal encausado puede ser el más hiriente.

It Gets Better Mexico
Foto: Página Oficial de It Gets Better México

Contar nuestras historias abre la puerta a generar empatía, a una reflexión sobre nuestros procesos de autodescubrimiento y aceptación en el mejor de los casos. Contar nuestras historias abre la puerta a que otras personas se puedan identificar con nuestras experiencias, y si son jóvenes, a que se sientan menos solos. En lo personal, crecí sin tener alguna referencia cercana –ya sea en medios o en mis círculos cercanos– de alguien con quien pudiera identificarme. Saber de alguien que se sintiera como yo me hubiera hecho el camino un poco más sencillo. Contar nuestras historias es compartir esperanza.

Hoy por hoy, tenemos un mejor entendimiento del mundo, de nuestros alrededores, de nuestra naturaleza y sexualidad. La ciencia, que es tan noble que siempre busca probarse para encontrar una mejor respuesta, ha contribuido a desmitificar muchos de los prejuicios y estigmas sobre la homosexualidad. Cada 17 de Mayo celebramos el Día Internacional Contra la Homofobia porque en esa fecha pero en 1990 la Organización Mundial de la Salud quitó de la lista de enfermedades mentales a la homosexualidad, y hace unos meses hizo lo mismo con la transexualidad. No solo no hay nada que curar, nuestras identidades son tan naturales como la heterosexualidad.

En México, la orientación sexual y la identidad de género son aspectos protegidos por nuestra Constitución en contra de cualquier acto de discriminación. La misma Suprema Corte de Justicia de la Nación considera que los discursos que atenten en contra de la dignidad de las personas, que incurran en discriminación, no están amparados por la libertad de expresión. En una sociedad democrática no se puede dar cabida a actitudes que menoscaben los derechos humanos.

Cuando me preguntan por qué celebramos el “Orgullo”, o que por qué no hay “Orgullo Heterosexual”, pienso en el lujo que es no tener que haber pasado por un clóset, en el lujo de no poder olvidar que somos LGBT+ y que nuestra sola presencia es motivo suficiente para que muchas personas valoren que no merecemos estar sentados en la misma mesa.

La marcha pride que se llevó a cabo en Tel Aviv.
Foto: David Silverman / Staff/ Getty Images

Celebramos el Orgullo porque el clóset no pudo con nosotros, lo sobrevivimos, y eso es motivo suficiente para salir a las calles, celebrar y seguir trabajando para hacer de este mundo algo más justo de lo que nos tocó.