Stonewall, 50 años de una lucha que también es una fiesta

Los disturbios en la discoteca de Stonewall marcaron el inicio de una lucha política por los derechos LGBT, que difícilmente se puede despegar de su carácter festivo.

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Stonewall PRIDE
Foto: Walter Leporati/Getty Images
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En 1969, la clandestinidad, lo underground y la prohibición determinaban la vida, el entretenimiento y la interacción social de las personas homosexuales. En los Estados Unidos, por ejemplo, se consideraba ilegal en casi todas sus entidades, excepto Illinois. Por esta razón, integrantes de la diversidad social establecieron espacios de reunión como el bar Stonewall Inn en la ciudad de Nueva York, el cual se convirtió en el punto cero de una lucha que reclama justicia e igualdad de derechos.  

Agonizaba la década de los años 60, la época del amor y paz, de la insurrección, de las luchas por los derechos de comunidades históricamente reprimidas. Se luchó en contra de la guerra de Vietnam y por los derechos de la comunidad afro. También una incipiente comunidad LGBT levantó la voz.  

Un contingente en un desfile de Nueva York (Getty)
Un contingente en un desfile de Nueva York (Getty)
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La noche del 28 de junio de ese año, este bar neoyorkino de concurrencia gay, sería el escenario de una disputa entre los asistentes y la policía. El altercado se extendió por los próximos tres días y representa el inicio histórico de las marchas del orgullo LGBTTTI que actualmente se celebran en ciudades de buena parte del mundo durante el mes junio.

Es probable que en esos años ni siquiera se tuviera clara la construcción de cada una de las letras de las siglas de la diversidad sexual, pero sobre lo que sí tenían claridad los que bailaban al interior de aquel bar era sobre su hartazgo ante los hostigamientos de la seguridad pública, las redadas rutinarias en los “bares de ambiente” y de los señalamientos de la opinión pública.

Dos mujeres se besan en una marcha del orgullo en Nueva York. (Barbara Alper/Getty)
Dos mujeres se besan en una marcha del orgullo en Nueva York. (Barbara Alper/Getty)

Si la Policía de Nueva York había irrumpido de forma violenta en lo que tendría que ser una gran noche de fiesta, los antepasados LGBT llevarían el carnaval, la música y el baile a las calles, ante los ojos expectantes de la Gran Manzana. Las lentejuelas, las plumas y el glam; los torsos atléticos al descubierto, el cuero y el travestismo reservado para la privacidad, abría de golpe la puerta, cogía una pancarta y gritaba el deseo de espacios públicos donde no se reprimieron las expresiones de su identidad sexual.

La justicia historia tiene que reconocer que fueron los sectores más vulnerables dentro de la misma diversidad sexual quienes con mayor furia se apoderaron de este movimiento que ocupó las páginas de los diarios de Nueva York y que avanzó con una velocidad inesperada. Tal y como lo refleja el documental La muerte y vida de Marsha P. Johnson disponible en Netflix que se adentra en la biografía de esta drag queen de origen afro que participó en los disturbios, en las movilizaciones posteriores y se convirtió en un referente de la lucha hasta su trágica y sospechosa muerte en 1992.  

Un contingente del Gay Pride en New York. (Getty)
Un contingente del Gay Pride en New York. (Getty)

Es frecuente escuchar -incluso por personas LGBT- un rechazo a la marcha del orgullo en sus concepción contemporánea. Se expresa una especie de descontento que suena más a un juicio moral respecto a la festividad de este evento. “Es un carnaval” dicen con desprecio. Pero es claro que si las movilizaciones LGBT comenzaron como un estallido en medio de una gran fiesta, su carácter festivo y carnavalesco no puede desligarse de su lucha. Marchar, bailar, hacerse visible; es parte de la protesta.

Stonewall es un lugar histórico, no solo para las personas LGBT, en 2016 el entonces presidente Barack Obama le otorgó la categoría de Monumento Nacional y hoy, cincuenta años después de aquella fiesta interrumpida, será el epicentro de una celebración que también es una lucha y de una lucha que también es una fiesta.

Bandera del orgullo LGBT en una marcha. (Beata Zawrzel/Getty)
Bandera del orgullo LGBT en una marcha. (Beata Zawrzel/Getty)