Hacer comunidad para que todo mejore

Si vamos a pedir que los aliados nos acompañen en esta lucha, tenemos que derribar las barreras dentro de la misma comunidad LGBT+.

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Por: Alex Orué, Director Ejecutivo de It Gets Better México.

Cada junio, me emociona mucho ver cómo en más ciudades vemos que se organizan Marchas del Orgullo LGBT+ por primera vez en nuestro país y alrededor del mundo. Cada vez más empresas se suman con campañas pro-diversidad con un enfoque de sentido social. Cada vez más estados en México y otras naciones se suman al reconocimiento de nuestras familias e identidades —solo en mayo de este año, vimos como San Luis Potosí e Hidalgo legislaron a favor del matrimonio igualitario en la misma semana—.

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En términos generales, todo está mejorando, pero también estamos viendo reacciones de igual o mayor proporción en contra de nuestra comunidad por parte de grupos anti-derechos, así como ahora vemos de forma más explícita los estragos del clóset en ámbitos de la salud mental, que afectan nuestras vidas diarias, aún cuando llevamos años fuera de él. ¿Cómo hacerle frente a estos nuevos retos?

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Este año también se conmemora el #Stonewall50, los disturbios en Nueva York en 1969 en el bar Stonewall Inn que marcaron los inicios del movimiento LGBT+ contemporáneo, iniciados principalmente por mujeres trans afroamericanas y latinas como Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. Pero a pesar de que fueron mujeres trans de color las que comenzaron la revolución y resistencia queer, la “T” dentro de “LGBT+” suele ser lo más rezagado y olvidado por el mismo colectivo. Al ser poblaciones transversales, estamos en todos lados y al mismo tiempo no estamos exentos de caer en los mismos errores de ignorar a sectores que conllevan otras vivencias que les hacen sujeto a otros tipos de discriminación, como el racismo y la misma misoginia.

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No hace falta ir más lejos que a las aplicaciones de ligue gay para ver los perfiles que explícita y abiertamente señalan su disgusto —no su preferencia— por otras razas, hombres afeminados, y por cuerpos que no embonan con el imposible estándar que la cultura gay ha reforzado desde los años 70. Si bien algunas aplicaciones de ligue han tomado medidas para erradicar este tipo de conductas, no podemos esperar a que las plataformas solucionen el fondo cultural detrás de estas actitudes.

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El Día Internacional Contra la Homofobia (cada 17 de mayo) también ha ido sumando otros tipos de violencias por orientación sexual e identidad de género, y con justa razón. La bifobia, por ejemplo, es de lo más normalizado y reforzado dentro de la comunidad LGBT+, aún cuando muchos estudios señalan que pudiera ser la orientación sexual más común, incluso que la heterosexual, solo que no es visible porque personas bisexuales tienden a desaparecer en relaciones heterosexuales u homosexuales, y porque el salir del clóset como bisexual es aún visto como una fase.

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La transfobia, por su parte, ataca a quienes desde siempre se han sabido de un género que no les fue asignado, y esto se da en formas extremas en espacios públicos, en negarles el acceso a la salud, a la justicia, a un trabajo digno y a una identidad misma. La lesbofobia es la combinación de la homofobia con la misoginia, y que poco se habla al respecto por los mismos efectos de violencia de género. ¿Qué podemos hacer para erradicarlas desde adentro de nuestras poblaciones?

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RuPaul menciona constantemente que como personas LGBT+ tenemos el privilegio de construir a nuestras familias con personas que realmente nos amen y acepten por quienes somos, especialmente si perdimos la de sangre cuando salimos del clóset. Esa ha sido nuestra forma de sobrevivir desde que se empezaron a conformar los ghettos LGBT+, como Castro, Greenwich Village y Zona Rosa, haciendo comunidad para enfrentar los retos en bloque, lo que se reforzó con la epidemia del SIDA en los años 80 y 90. Sin embargo, a pesar de que la solución sigue siendo la misma, tenemos que desmitificar que al salir del clóset todo es color de rosa.

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En un mundo hecho por personas heterosexuales para personas heterosexuales, nuestra sola existencia es un acto de rebeldía y un posicionamiento político. Nuestro error está en salir del clóset y seguir pretendiendo que estamos bien. Hayamos permanecido en el clóset poco o mucho tiempo, el escuchar desde los medios, nuestros propios espacios religiosos y familiares —de la gente que más amamos y nos ama— que ser quienes somos y sentir como nos sentimos es malo, interiorizamos el suficiente odio como para hacernos sentir incómodos cuando vemos que alguna expresión personal o ajena se sale del molde. La ansiedad de probar que merecemos estar en la misma mesa que los demás, que nuestras relaciones y familias son igual de valiosas, nos deja un desgaste que carcome poco a poco nuestra salud mental.

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Por lo anterior, muchas veces cuando vemos los problemas que como comunidad tenemos, pareciera que solo magnificamos los problemas que existen afuera de ella. No somos inmunes, y así como a las personas heterosexuales no les enseñaron a llevar relaciones sanas, menos a nosotros y encima de ello tenemos que cargar con mucho estigma, prejuicios, así como muchas expectativas de la misma comunidad. Yo hace mucho tiempo que me cansé de esa dinámica, y empecé a dejar ir mucho de ese costal, y lo que aún cargo sé cuánto pesa y qué debo hacer para aligerarlo: seguir atendiendo mi salud mental.

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En It Gets Better México, apostamos por contar historias de personas LGBT+ y aliados que quieran compartir un mensaje de esperanza a beneficio de jóvenes queer. Lo hacemos principalmente dentro de Internet, pero también llevamos nuestro mensaje y esfuerzos de hacer comunidad afuera de las redes sociales. Iniciamos en 2010 en reacción a una ola de muertes por suicidio de jóvenes por bullying, pues vimos que después de tantos años de avance en la aceptación LGBT+ seguíamos sin hablarle a las nuevas generaciones.

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Rompimos con el acuerdo implícito de no hablar con los más jóvenes por miedo a ser acusados de corromperles y de abusarles, miedo que fue lo suficientemente fuerte como para mantener ese acuerdo unilateral por décadas, pero recordamos que también fuimos niños, jóvenes, con muchas inseguridades, miedos y ansiedad por la incertidumbre de un futuro sin el supuesto amor incondicional de nuestras familias. Las redes sociales, por muy negativas en nuestro contexto actual del debate público y de acoso a través de ellas, también nos han permitido acercarles esperanza, algo que nos hubiera gustado tener a esas edades a muchos de nosotros.

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La respuesta sigue siendo hacer comunidad, pero tenemos que reconocer que nuestra salud mental tiene que ser igual de importante que la física y la emocional. Salir del clóset apenas es el inicio de un trayecto complicado pero bello, y si le dedicamos el tiempo a desmenuzar y resolver los traumas que tanto nos hemos esforzado por ocultar para sobrevivir y ser aceptados. Hagamos comunidad y sigamos ganando aliados, pero sigamos celebrando que el clóset no fue más fuerte que nuestras ganas de vivir, reconociendo los pasos necesarios que debemos dar para realmente vivir de forma plena y con orgullo.

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