El día que Madonna le enseñó al mundo a hacer polémica

Like a Prayer marcó un antes y un después en la música.

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Madonna Like a Prayer
Foto: Unimedia International/REX/Shutterstock
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Me gustaría decir que recuerdo perfecto el día en que MTV decidió no pasar más Like a Prayer en su programación habitual. O cómo Pepsi canceló el anuncio que había grabado apenas unos meses antes con la Ambición Rubia como protagonista. O cómo líderes religiosos aparecían en los programas de noticias pidiendo que, “por el amor a Dios”, no dejarán que sus hijos vieran el video y que Madonna debería ser excomulgada. No puedo hacerlo porque cuando todo esto sucedió, yo apenas tenía unos meses de vida.

Y es que si tuviéramos que aplaudir una única virtud de Madonna, es justamente esa, la de atravesar las generaciones. Ese hecho que ocurrió hace exactamente 3 décadas ha marcado a todos lo que en algún momento decidimos escucharla, ponerle atención a sus canciones, muchas de las cuales llegaron hasta nosotros décadas enteras después de su debut.  

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Ese es el caso de Like a Prayer, el sencillo de su cuarto álbum de estudio. Cerrando la época de los 80, la década del furor por los videoclips, la cantante y sus productores decidieron poner en manos de la directora de cine Mary Lambert la realización del clip. La dupla Madonna- Lambert estaba probada y era sinónimo de éxito. Juntas crearon Like a Virgin, Material Girl y La isla bonita, todos temas que colocaron a la artista en el top de los charts.

El video que inició todo

El video resultó ser una bomba de cinco minutos y 38 segundos que desafiaban la moral y las buenas costumbres. En la primera escena se ve a una Madonna de cabellos castaños, correr y caer al suelo, mientras el sonido de unas sirenas de patrulla se mezclan con los primeros acordes de la canción.

Hasta aquí todo bien. Las cosas toman otro tono cuando el clip sugiere un romance entre ella y un santo católico con los rasgos físicos afro de San Martín de Porres. Si lo anterior ya sonaba a blasfemia, la consumación de un beso entre ambos, desató el escándalo y las peticiones de excomunión, amenazas y el boicot a las marcas que patrocinaban su próxima gira. Madonna y su carrera parecían arder como las cruces frente a las que la cantante baila en el video, signos relacionado con el KKKlan.

Esta osadía, parecía reservada no solo para los hombres, también para los músicos de “géneros oscuros” como el rock, el punk o el grunge. Madonna lo hizo desde el discurso del pop, reuniendo una serie de elementos que la revelaron como una artista subversiva y disruptiva: una mujer desafiando al establishment.

Más allá de la polémica y a treinta años de este fenómeno, ya podemos hablar de cómo esta mujer transformó la industria musical al poner en los odios de sus contemporáneos, los que vinieron después y de, incluso, los que ya estaban, una revolución sonora y temática.

En esta etapa de su vida, la cantante se enfrenta de nueva cuenta a una sociedad que ahora la señala por no envejecer dentro del concepto convencional de lo que significa llegar a las seis décadas de vida. Tal vez, de nueva cuenta, no estamos entendiendo a Madonna quien está inventando para ella y para nosotros, una nueva etapa de la vida.