El gran truco de acomodar tu cuarto para ordenar tu vida

El estado de tu espacio personal es un reflejo del de tu interior. Ordenar uno para empezar a acomodar el otro, un viejo truco que créeme, funciona.

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Hace muchos años leí a alguien asegurar que el estado de tu escritorio es un reflejo del de tu mente. Era muy chico e inexperimentado en mi vida laboral cuando lo leí así que cambié “escritorio” por “cuarto” y desde entonces, cada que trato engañarme a mí mismo sobre cómo me siento, volteo a ver a mi siempre honesto espacio personal. Luego pienso, “¡híjole! esto necesita arreglarse”.

El desorden físico, cuando estamos pasando por una situación, sí es de hecho un espejo de cómo estamos por dentro. La ropa que te probaste indeciso (sentimientos encontrados) y que en vez de colgar (atender) en ese momento, dejamos para después en la silla (haciéndose nudo en tu garganta). Tus jeans favoritos (“el amor de tu vida”) que ya se rompieron (que ahora es tu ex) pero que no quieres tirar (dejar ir). Los zapatos que te quitaste antier, aquello que quieres gritar, la cama sin tender, el impulso a renunciar, las cortinas corridas y las ganas de llorar, se llevan bien.

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Decidirte a ordenar el escritorio de tu oficina, tu cuarto o hasta el clóset de blancos, no es solo un placebo para distraer tu cabeza. Pon las cosas en su lugar, literal y figurativamente. A la basura todo lo que ya no sirve, literal y figurativamente (también puedes donarlo a alguien que le sea útil, literal y figurativamente). Limpia y límpiate.

Y si eres de los que necesita apoyo visual o un empujón extra para empezar, puedes aprovechar los últimos momentos de tu cuarto desordenado para tirarte sobre una pila de almohadas, ropa y lo que haya debajo para poner en Netflix a Marie Kondo y decidirte (si esa mujer no te inspira a dar el último paso, comienza a acostumbrarte al desorden).

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Está bien abrazar el caos de vez en cuándo, aceptar la frustración del calcetín y el tiempo perdido, despreocuparte por el orden un rato, porque no todos podemos ser Marie Kondo 24/7. Pero cuando nos decidimos a ordenar ordenamos bien, por dentro y por fuera. Al final del día es un ejercicio que tienes que hacer, no puedes dejar tu cuarto ni tu paz mental tirados por tiempo indefinido, así que disfruta cuando los recojas y cuando termines aprecia tu obra. Puedes estar orgulloso.