Melinda Gates: “si las mujeres no tienen un sitio en la mesa, hay algo en el sistema que no funciona”

Melinda Gates es una de las mujeres más influyentes gracias a la labor filantrópica que lleva a cabo desde la Bill and Melinda Gates Foundation.

182
JASON BELL FOR GATES ARCHIVE (C) 2018

Por: Margaret Wappler Y Valeria Bessolo Llopiz

En esta entrevista exclusiva, explica cómo su fundación trabaja por mejorar las condiciones de vida de las jóvenes africanas y cuál es su punto de vista sobre las mujeres y el rol de género en el siglo XXI.

Publicidad

Cuando Melinda Gates se dio cuenta de que, cada noche, una vez que su marido y sus tres hijos terminaban de cenar, era ella la que se quedaba recogiendo la cocina empezó a preguntarse por qué ocurría aquello. A su marido, el fundador de Microsoft, Bill Gates, tampoco le hacía ninguna gracia tener que llevar a su hija Jennifer dos veces por semana a la guardería. Melinda, todo un referente femenino dentro de una industria tecnológica dominada por los hombres (era directora de producto en Microsoft cuando conoció a Bill), necesitaba solucionar este problema.

“Tuve que poner una regla: nadie sale de la cocina hasta que lo haga mamá. Y ¿sabes qué? Todos me empezaron a preguntar qué era lo que podían hacer para salir de la cocina cuanto antes. Así conseguí acabar 15 minutos antes de lo que lo hacía habitualmente y ser un poco más feliz“.

Si una mujer norteamericana con tanto dinero tiene que llegar a estos extremos en su propia casa, ¿qué no tendrán que hacer las mujeres de África? Allí, la Bill and Melinda Gates Foundation, creada en el año 2000, trabaja para fomentar la igualdad de género. En realidad se trata de un debate universal que tiene lugar en cualquier parte del mundo (aunque los desafíos que tienen que afrontar las mujeres africanas en situación de pobreza son, por supuesto, mucho más difíciles).

Los numerosos viajes que Gates ha hecho a África (el primero de ellos en 1993) han servido para formarse una idea de lo que sucede allí en términos de paridad doméstica. De esta forma, ha llegado a la conclusión de que los retos a los que se enfrentan las mujeres africanas y las americanas, al fin y al cabo, no son tan diferentes. Durante uno de sus últimos viajes pidió a varios matrimonios que cogieran de entre un grupo de tarjetas, cada una de las cuales representaba una tarea doméstica, aquellas que realizaban ellas y que los hombres cogieran las que realizaban ellos.

“A medida que iban cogiendo tarjetas, más indignadas se sentían las mujeres, al darse cuenta que realizaban unas 45 tareas domésticas diferentes, mientras que los hombres se encargaban como mucho de 5 una verdadera vergüenza. Los hombres esgrimían una sonrisa incómoda: no se podían creer que colaborasen tan poco”. A veces, dice Gates, estas situaciones, en las que una persona se da cuenta de lo que realmente hace, son suficiente para que reflexione y se produzca un cambio.

JASON BELL FOR GATES ARCHIVE (C) 2018

Consciente de la necesidad de acabar con los problemas de este tipo que se producen en todo el mundo, la Fundación Gates acaba de publicar su segundo informe, un estudio exhaustivo sobre el progreso global y el cumplimiento, antes de 2030, de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) marcados por Naciones Unidas. Este año, el informe se centra en los jóvenes, en particular en los de África, donde casi el 60% de la población es menor de 25 años (mientras que en Europa supone el 27%).

El informe sostiene que si se invirtiera en capital humano, sobre todo en salud y educación, las posibilidades de que el continente progresara serían mayores: “En el África subsahariana, estas inversiones podrían hacer que la economía creciese en casi un 90 % en 2050, posibilitando que los países más pobres superen su estancamiento y puedan seguir el camino marcado por la India y China”. Aunque el informe se centre en la población joven, la igualdad de género, uno de los ODS de Naciones Unidas, sigue siendo una de las prioridades de la fundación.

De vuelta a casa, Gates continúa en el empeño de que su pareja contribuya a las tareas del hogar. “A Bill no le entusiasmaba encargarse de algunas tareas… pero aprendí a reconducir esa actitud y, al final, los dos nos dimos cuenta de que así ambos éramos más felices y nuestro grado de compromiso con la familia era mayor. Vemos cómo los chicos crecen y sabemos que lo hacen gracias al esfuerzo de los dos”.

Visibilizar a las mujeres

El informe se centra en la necesidad de dar visibilidad a las mujeres y Gates ha sabido encontrar un enfoque diferente al que habitualmente le dan otras personas adineradas. Su defensa de la planificación familiar y del acceso a los métodos anticonceptivos, se hace evidente en un informe que toca temas como la planificación familiar, el VIH, la educación o la agricultura. En la sección sobre planificación familiar, la escritora keniana Abigail Arunga detalla el éxito del Future Fab, un programa que se desarrolla en Nairobi para informar a las jóvenes sobre salud reproductiva y anticoncepción, hablando con ellas sobre los objetivos que quieren alcanzar en su vida y reduciendo al máximo el frío punto de vista clínico.

JASON BELL FOR GATES ARCHIVE (C) 2018

El programa no gozó de gran popularidad hasta que no se tuvo en cuenta el valor de la sinceridad y la sensibilización. “Lo único que quieres es que no te juzguen”, explica Gates, en relación a su propia experiencia. “Cuando voy al médico con mis hijos, espero que la persona que nos atiende no nos juzgue como familia, que no me juzgue como madre, que no juzgue a mis hijos sea cual sea el problema”.

A muchos les puede parecer que los grandes problemas que azotan África son imposibles de resolver y que la distancia en kilómetros que nos separa es un impedimento para involucrarse de verdad. Pero Gates dice que si hablas con los padres africanos, desde los del país más pobre a los de la ciudad más rica, te darás cuenta cómo lo que desean para sus hijos es lo mismo que desea cualquier padre de cualquier otro lugar del planeta: quieren una educación de calidad y oportunidades de trabajo y lo cierto es que los recursos para alcanzar estos objetivos están ahí.

En África, ahora mismo hay casi la misma cantidad de niñas y niños escolarizados y los jóvenes disponen de todo el potencial necesario para cambiar el futuro del continente. Si su salud y su educación se convierten en una prioridad, conseguiremos reducir la pobreza, los efectos del cambio climático, la inestabilidad política, la violencia y la desigualdad de género que reina en África. Estas son las consecuencias de invertir en capital humano. No solo hay que invertir en infraestructuras si se quiere impulsar el crecimiento económico.

Un ejemplo de ello es que los datos muestran que existe una relación directa entre los niveles de educación y sanidad y la renta per cápita“Mucha gente sigue teniendo una visión muy sesgada sobre África”, comenta Gates. “Pero cuando estás allí, te das cuenta de la energía y el potencial que tiene toda esa gente. Es un lugar increíble y, con las inversiones adecuadas, conseguirán superar sus dificultades. No hay país o región que no pueda superar sus problemas”, asegura Gates. “Tomemos como ejemplo a Corea del Sur. Allí se realizaron numerosas inversiones en su momento y ahora es uno de los países más avanzados del mundo y, además, presta ayuda a otros países necesitados”.

Vietnam y su sistema de educación primaria es otro caso a tener en cuenta. A pesar de tener un PIB 27 veces más bajo que el de los EE. UU., los jóvenes vietnamitas de 15 años obtienen mejores resultados que los estudiantes estadounidenses y británicos en ciencias, matemáticas y demuestran mayores habilidades en el campo de la lectura y escritura. Según el informe aportado a la fundación por el escritor y filántropo vietnamita Cat Thao Nguyen, la asistencia a la escuela primaria es “prácticamente del 100 %”. En la India también ha cambiado drásticamente el panorama educativo de los niños de 6 a 14 años, cuyo número, si se contara por separado de la población total, haría del país el séptimo más poblado del mundo. A día de hoy, el grado de escolarización es del 97%, un dato inimaginable en el año 2000.

JASON BELL FOR GATES ARCHIVE (C) 2018

Cuando se le preguntó lo que significa ser feminista en 2018, Gates respondió: “Significa dar voz a todas y cada una de las mujeres del planeta”. Antes, las mujeres que alcanzaban una posición destacada en el mundo de la política o de los negocios no siempre eran capaces de que otras mujeres recogiesen su testigo, pero hoy en día, “las jóvenes feministas con las que me encuentro están muy interesadas en dar visibilidad al resto de sus compañeras”.

No basta con que haya una mujer en la junta directiva de una empresa, “si sientas a tres mujeres en una mesa con 10 personas, las cosas comenzarán a cambiar”. Lo que es bueno para las mujeres en el Reino Unido, Francia o España es bueno para las mujeres de las aldeas de África y la India y viceversa. Si las mujeres trabajan hombro con hombro, entonces estarán en condiciones de exigir sus derechos. Podrán exigir que un violador sea llevado a juicio. Podrán exigir que el sistema sanitario de su país llegue a sus aldeas”.

El papel político

Parte del papel de la fundación, según Gates, es fomentar el contacto entre los grupos internacionales que ya están consiguiendo cambiar la dinámica cultural sobre el terreno. Ninguna ayuda procedente de una fundación de un país situado a miles de kilómetros de distancia, incluso aunque tenga una dotación de 50,7 billones de dólares, se traducirá en medidas políticas, a menos que éstas sean implantadas y contextualizadas correctamente por parte de las autoridades locales.

Gates señala cómo en la India existen grupos de mujeres dedicados a ayudar a otras mujeres que han adquirido tal relevancia, después de trabajar en este sentido durante más de 30 años, que han logrado convertirse en organizaciones con un gran poder de decisión. Siempre saca conclusiones de su trabajo sobre el terreno. “Cuando vuelvo a casa después de un viaje por África empiezo a pensar por qué esas mujeres no pueden tener esto o aquello o por qué no tienen visibilidad y es entonces cuando me doy cuenta que en mi país la situación no es muy diferente. ¿Qué ocurre de verdad en los Estados Unidos?”.

En la sede de Microsoft en Seattle, Gates puso en marcha en 2015 Pivotal Ventures, una inversora que se dedica a crear empresas dirigidas por mujeres. Aportar dinero es una forma de poner freno a los desequilibrios que se dan en el mundo actual. Según Gates, “el 40% de los fondos de capital de riesgo norteamericanos se pone en manos de hombres que se graduaron en Harvard y Stanford, mientras que menos del 0.05% está en manos de mujeres afroamericanas”.

“Si las mujeres no tienen sitio en la mesa, eso quiere decir que hay algo en el sistema que no funciona y lo mismo sucede respecto a las minorías”. Esto se hace evidente en muchos sectores de la industria tecnológica y, por ejemplo, podemos encontrar herramientas como Siri en Apple o Alexa en Amazon, dos asistentes con voz femenina que parecen estar diseñados para que nuestra vida sea más fácil, cumpliendo nuestras peticiones y explotando aún más el tradicional rol de género asignado a la mujer. ¿Es demasiado tarde para corregir tal disparate? La clave está en desarrollar redes que se preocupen más por las mujeres, explica Gates.

“Los hombres ya disponen de estas redes”, que giran en torno a la universidad en la que se graduaron, a su primer trabajo o a su primer mentor. Sin embargo, las mujeres deben construirlas ellas mismas. “Rodéate de personas que crean en ti y te ayudarán a llegar a donde quieres. Ve tejiendo una red de personas que puedan estar a tu lado durante mucho tiempo”.

JASON BELL FOR GATES ARCHIVE (C) 2018

A los hijos del matrimonio Gates se les ha enseñado la importancia de conocer lo que ocurre más allá de Seattle. Desde muy pequeños, Gates los ha llevado a África para que tuvieran una visión más amplia del mundo que les rodea; ahora viajan mucho por su cuenta. Phoebe, de 16 años, ha estado en África tres veces sin la compañía de sus padres y ha trabajado recientemente en una clínica de Kenia donde durante una operación se quedaron sin suministro eléctrico y los cirujanos tuvieron que seguir con su labor con la ayuda de linternas. Rory, de 19 años, pasó dos semanas en Ruanda asistiendo a un programa de liderazgo y volvió a casa rebosante de ideas que comentaba en las comidas familiares.”Procuran seguir en contacto con los jóvenes que conocen” dice Gates.

Ayudar en lo que puedan a esos adolescentes, con los que conviven durante una semana o dos, forma parte del compromiso de la familia Gates. “Quiero que utilicen su talento para ayudar a los demás, porque todos tenemos cosas que aportar, ya sea en forma de tiempo, de interés, de ideas, si tienes dinero, dinero… El mundo será mejor si todos aportamos algo”. Esta actitud no supone una promesa vacía para los Gates.

Giving Pledge, mucho que decir

De hecho, en 2010 pusieron en marcha, junto a Warren Buffett, la iniciativa denominada Giving Pledge, en la que se comprometían a donar más de 90.000 millones de dólares con fines benéficos, dejando sólo una pequeña parte de su fortuna para sus tres hijos. A pesar de todos los esfuerzos de la fundación, Gates insiste en que no es su intención o su objetivo suplir el papel de los gobiernos. “Lo que una fundación puede hacer es convertirse en una especie de banco de pruebas. Podemos poner en marcha ideas innovadoras, tomar los riesgos que un gobierno no se puede permitir y, una vez que hemos visto lo que funciona, dirigirnos a los gobiernos para que los desarrollen”.

Tampoco escatima en elogios hacia países como Francia, Noruega, Inglaterra y Alemania, países todos ellos decididos a impulsar el desarrollo en África. “El liderazgo es un aspecto muy importante”, dice Gates. “Tenemos que seguir insistiendo para que nuestro mensaje se escuche”. Sin embargo, ese liderazgo no sirve de nada si no existen las redes de conocimiento y de poder adecuadas, por lo que, además, es fundamental que las mujeres puedan compartirlas.

Gates recuerda una ocasión en la que asistió a una cena con un grupo de mujeres empresarias africanas y, tras la cual, llegó a una conclusión: “No hay nada imposible para ellas. Ni una sola cosa. Saben que trabajar juntas es la única solución para avanzar de manera positiva. Ninguna de nosotras puede hacerlo en solitario. Juntas, somos más fuertes”.

¿CÓMO PUEDES AYUDAR?

No tienes por qué ser tan generosa como la Fundación Gates para contribuir a que la situación en África empiece a cambiar. “Hay muchas cosas, y muy sencillas, que puedes hacer. Con una pequeña donación es suficiente”, dice Gates. Aquí tienes algunas formas en las que puedes colaborar:

Informa a tu gobierno

Ponte en contacto con tus representantes y diles que “te preocupa la salud de las personas de todo el mundo”, comenta Gates. Los líderes mundiales están dando pequeños pasos en este sentido, pero necesitan nuestro apoyo: el presidente francés Emmanuel Macron se ha comprometido a incrementar la ayuda al desarrollo en un 0,55% (la mayoría destinada a África) del PIB en el año 2022 y en un 0.43% en 2017.

Colabora con una ONG

Cada dos minutos muere un niño a causa de la malaria. Gates propone hacer donaciones a ONGs que se ocupen de luchar contra enfermedades que se pueden prevenir. Una donación de 10€ puede hacer que a una familia se le haga llegar una mosquitera tratada con insecticida que la proteja de los mosquitos que propagan el paludismo.

Compra productos RED en Amazon

RED es una iniciativa solidaria que pusieron en marcha Bono y Bobby Shriver en 2006. Se trata de vender productos con este distintivo, una parte de cuyo precio se destina al Fondo Mundial para la lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria. Actualmente el foco está en el África subsahariana, en particular en los países con mayor índice de transmisión de VIH de madre a hijo. Desde su lanzamiento, RED ha generado más de 500 millones de dólares de ingresos, más que cualquier otra iniciativa empresarial que haya contribuido al Fondo Mundial.