¿Qué hace a Burning Man un festival diferente a cualquier otro?

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En 1986, durante el Solsticio de Verano, el primer hombre se quemó en Baker beach, San Francisco, a manos de Larry Harvey y su amigo, Jerry James. Al rededor de lo que parecía una fogata, un grupo curioso de gente se reunió para presenciar el “espectáculo” y verlo arder. 

Ambos, Larry y Jerry hicieron la promesa de repetir la acción, aunque según cuentan, no saben cuando fue. Lo único que recuerdan es que al año siguiente su víctima medía 4.5 metros de alto y, que al igual del año anterior, este estaba hecho de madera. Así fue como nació el festival Burning Man. 

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Posters, panfletos y t-shirts fueron repartidos con el afán de juntar más público junto a la estructura de 12 metros, pero en 1990, con 200 asistentes, la Golden Gate Park Police, representada por un solo oficial, canceló el ritual por posibles incendios en el valle californiano. Inmediatamente, los organizadores migraron al desierto Black Rock en Nevada, su actual locación.  

Hoy, a poco más de 20 años desde su creación, su audiencia creció hasta 70 mil personas. Cerca de 317 instalaciones artísticas se montaron en “playa”, como le llaman al spot del lugar. Gente de todo el mundo puede incluir sus propuestas para convertirse en los arquitectos de nuevos templos, plazas y estatuas, que integran la verbena.

El concepto actual invita al público a formar una ciudad temporal, donde la comida y los servicios son gratuitos, no importa si se trata de comida, ropa o cualquier otro artefacto; sin embargo, hay una condición. Cualquiera que decida formar parte de esta “fiesta”, debe ofrecer algo a cambio. No importa si son shows musicales gratuitos, o masajes, clases de yoga o fotografías profesionales, inclusive hasta pins, alfileres y parches pueden ofrecerse. 

Previo a la semana del evento, la gente se prepara con cajas de agua potable, hielo, elementos para acampar, entre cualquier otra cosa que pueda ocurrirse, porque una vez adentro, salir a conseguir cualquiera de estos elementos tomaría cerca de cuatro horas. Eso sí, la mayoría del dinero obtenido de los boletos de entrada, es destinado al abastecimiento del festival en el área de camping y comida.

Pero aquí, el celular tampoco sirve, y los residuos de basura tampoco son permitidos. El fin es agradecer a la madre naturaleza e intentar sobrevivir casi una semana en el desierto a casi 30 grados Celsius; eso sí, los disfraces están permitidos. 

En general, tomando en cuenta los costos de trayectos y elementos de supervivencia, el costo para formar parte del festival es de aproximadamente 2 mil dólares, siempre con la posibilidad de cortar algunos gastos.

Burning Man vuelve a los orígenes más rudimentarios del ser humano para regresar a la primicia de la existencia de la raza: “De la nada, creamos todo”.