Porqué El Principito es el mejor remedio para un corazón roto

Hay algo que todas mis rupturas amorosas tienen en común: siempre que pasan corro a refugiarme en mi libro favorito: El Principito.

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El Principito siempre fue mi libro favorito y descubrí que no vivía en mi librero el día que más lo necesitaba: la primera vez que me rompieron el corazón. Sentí un impulso asfixiante por leer las lecciones del Petit Prince para sentir paz así que corrí a comprarlo.

La próxima vez que supe que mi corazón estaba a punto de quebrarse, fui tan maduro que hasta decidí regalarle el libro a la persona que iba a estrellarlo. “Por si llegas a necesitarlo, yo seguro lo haré” pensé.

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Una vez más, y sin previo aviso, mi avioneta se estampó en el desierto y vuelvo a necesitar un Principito que me despierte pidiendo que le dibuje un cordero.

Si tú, como yo, amas esta obra maestra de Antoine de Saint-Exupéry, te comparto las lecciones que me ha dado (en especial el capítulo XXI) y que trato de recordarme cada vez que paso un mal rato.

El significado de “crear lazos”

Cuando el zorro explica al Principito qué es domesticar, es probablemente la descripción más atinada de lo que son las relaciones amorosas.

“Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”

Cuando estamos en medio de un break up, tratamos de regresar al día en el que no necesitábamos a esa persona, en el que era una más. Pero es imposible, nos dejamos domesticar y ahora es para nosotros único en el mundo.

A perder el miedo a amar (domesticar)

“Solo se conocen las cosas que se domestican. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada”

Abrirnos a alguien y permitir que nos conozcan es hacernos vulnerables, peor aún, acostumbrarnos a alguien y dejarlos ser parte de nuestra vida, es serlo aún más. Pero en todo momento es parte de las relaciones y aunque sabemos que al dejarnos ‘domesticar’ estamos expuestos, es un riesgo que debemos tomar.

A veces ya sabíamos que nos romperían el corazón pero nos la jugamos

Y cuando se acercó la hora de la partida:

-Ah -dijo el zorro- voy a llorar.

-Tuya es la culpa – dijo el principito- No deseaba hacerte mal, pero quisiste que te domesticara…

Me ha pasado antes que sabía que estaba caminando directo hacia el precipicio, pero decidí recorrer el trayecto porque el camino parecía floreado. No hay espacio para arrepentimientos, culpas ni reclamos, solo de asumir nuestras decisiones y ponerle nuestra mejor cara a la adversidad.

No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos

Todos van a opinar, recibirás un par de “te lo dije” y hasta habrá quién te juzgue. Pero nunca te arrepientas de haber seguido lo que tu corazón te dijo que hicieras. Nadie podrá entenderlo como tú porque lo esencial es invisible a los ojos y únicamente tú has podido ver la situación con tu corazón.

Es el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hace tan especial

No importa si se terminó. No trates de pretender que esa persona que te rompió el corazón nunca existió porque ahora es parte de tu historia y es aquel capítulo que escribieron juntos lo que la hace importante. Recuerda lo bueno, lo que sumó, lo que te hace sonreír y quédate con eso.

Eres responsable para siempre de lo que has domesticado