Creadores y antiguos ejecutivos de las redes sociales son ahora sus principales detractores

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Cuando de redes sociales se trata, el debate se divide en dos posturas. Por un lado los que defienden su existencia como sinónimo de progreso y democratización de la información, por otro los que encuentran en ellas un responsable sobre los problemas que aquejan a las sociedades contemporáneas. Sin embargo, la discusión toma nuevas dimensiones cuando sus promotores -incluso sus creadores- se convierten en los principales detractores.

Recientemente un arrepentido Sean Parker declaraba que para garantizar el éxito de Facebook (la red social que ayudó a consolidar) y que la gente permaneciera mucho tiempo en ella, se planeó generar descargas de dopamina provocadas por efímeros instantes de felicidad causados, a su vez, por la función emblemática “me gusta”. Lo que el primer presidente de la firma declaraba no era un asunto menor. Estaba confesando que fue diseñada de origen para ser adictiva y para consumir tanto tiempo y atención de forma consciente como fuera posible.

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Parker fue aún más lejos. Declaró que los inventores de la red social con la comunidad más grande en el mundo -superior a los 2 mil millones de usuarios- eran conscientes de ello y que a pesar de ello, continuaron con su empresa. Sin duda su declaración más alarmante deja más preguntas que certezas: “Dios solo sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos“.    

A la lista de opositores de las plataformas sociales se han sumado diversos habitantes de Silicon Valley. Entre ellos, Chamath Palihapitiya, otro ex ejecutivo de Facebook quien categóricamente lamentó haber participado en desarrollar herramientas que “están desgarrando el tejido social”. En sus declaraciones también utilizó los conceptos “dopamina” y “adicción.” Por su parte Tim Cook, CEO de Apple, manifestó su preocupación en el uso abusivo de estos medios digitales en la expresión “no quiero que mi sobrino esté en redes sociales.”  

Si sus creadores y promotores están preocupados por el abuso y sus consecuencias, algunas medidas deberían considerarse. Sin embargo, no son solo las redes sociales las que merecen la atención de estudios científicos, también el uso de los dispositivos móviles desde los cuales se corren estas aplicaciones y que en los últimos años han aumentado su popularidad y uso. Estos son los  elementos de una ecuación que tiene al mundo con la cabeza sumida dentro de diminutas pantallas scrolleando, swipenado y likeando.  

En México, por ejemplo, se calcula que existen cerca de 70 millones de internautas, de los cuales el 90% cuenta con un smartphone desde el cual se conecta a la red principalmente para revisar o publicar contenido en redes sociales, según datos de la Asociación Mexicana de Internet.

Los problemas que se analizan causados por las redes sociales no se limitan al plano de la adicción que ya exhibieron los preocupados ex miembros de Facebook. Investigadores de la Universidad de Michigan afirman que los niveles de empatía se han desplomado mientras que el narcisismo se dispara. Se han afectado el desarrollo emocional, la confianza y la salud cuando la barbilla desciende y la cabeza se adentra en los móviles.

Según un informe publicado por The Spine Journal, la cabeza humana, que en promedio pesa entre 4 y 5 kilos, la atracción gravitatoria sobre la cabeza y el estrés en el cuello puede aumentar hasta 27 kilos de presión cuando se inclina para enviar un mensaje de texto o revisar las notificaciones de alguna aplicación. Esta postura que conduce a una paulatina pérdida de la curva cervical, es tan común en las sociedades contemporáneas que los médicos ya la han llamado como “el síndrome del cuello de texto”

Un problema aún más tangible es el que reporta el Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos. Según sus cifras el uso del teléfono móvil al volante causa más accidentes al año que conducir ebrio. una cuarta parte de los accidentes automovilísticos en ese país se deben a mensajes de texto y a hablar por teléfono mientras se conduce.

Otra voz en contra de las redes sociales encontró eco en el comediante Jim Carrey quien se lanzó particularmente contra Facebook después de que se dieran a conocer que mediante la red social cerca de 126 millones de personas se vieron expuestas a información falsa y confusa respecto a las elecciones presidenciales pasadas que llevaron a la casa blanca a Donald Trump. De ahí el descontento del protagonista de La Máscara que lo llevó a vender sus acciones y a invitar a sus seguidores a eliminar sus cuentas en la plataforma.

Este es otro fenómeno del que los especialistas se han encargado y que coloca sobre las plataformas digitales un velo de polémica. La era de la posverdad pone enfrente una nueva forma de analizar a la mentira, a la cantidad de información falsa (fake news) que circula por las redes y que según los detractores, los emporios digitales no se han encargado de combatir con seriedad.