¿Por qué regresamos con nuestros ex?

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“¿Y si nunca me enamoro de alguien más?”, “Nadie me conoce mejor que él”, “Quizá exageré, lo que pasó no fue tan malo”… ¿Alguna vez has escuchado a una amiga decir estas frases?, o peor aún… ¿te has escuchado a ti misma decirlas?

Antes que asegurarte que estás equivocada, lo más honesto es mencionar que hay una posibilidad de que tengas razón. Lo importante aquí es dejar las pasiones a un lado y, por más difícil que parezca, analizar la situación desde un ángulo frío.

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En cuestiones de amor no hay absolutos. Lo mismo existen romances que alcanzan su mejor etapa en el segundo round que otros tantos, quienes por más que lo intentan, les resulta imposible lograr una compenetración real. Pero ¿por qué cuando hay evidencias de que éste último es el caso, insistimos en probar “una vez más”?

Cuando terminas una relación, tu cuerpo –literalmente- atraviesa por un síndrome de abstinencia a nivel bioquímico. Toda la serotonina, dopamina y oxitocina (sustancias asociadas al placer) que tu organismo irrigaba como reacción a esa persona crea una especie de dependencia porque te genera sensaciones placenteras, así que cuando esta “dosis” desaparece, de manera inconsciente, tu cuerpo la reclama. De ahí que busques colgarte de cualquier foto, aroma, lugar u objeto que te recuerde a tu ex, esforzándote por generar las mismas sensaciones.

Sin embargo, una vez que atraviesas por este rato amargo, lo mejor es tomar perspectiva. De acuerdo con el psicólogo y terapeuta familiar, Manuel Turrent, la distancia te ayuda a matar sentimientos que te impiden ver cuál es la mejor decisión para ti. Mientras sigas enojada o resentida con tu pareja, es difícil que tus conductas no se vean influidas por ello; en cambio, una vez que estás por encima de estas emociones y aceptas lo que ocurrió como un cambio como un proceso positivo –ya sea terminar o iniciar una nueva etapa con la misma persona-, todo será mucho más sano para ambos.