La verdadera función del orgasmo femenino ¿un misterio sin resolver?

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Atrás quedaron las épocas en donde las formas del orgasmo eran consideradas un desorden psicológico que necesitaba ser curado; sin embargo, sigue sin saberse con exactitud su verdadera función.

La eyaculación masculina tiene un objetivo específico: la fecundación; en el caso de las mujeres, no existe tal. A lo largo de la historia son cientos, quizá millones, quienes se han convertido en madres sin conocer el éxtasis sexual. ¿Para qué sirve, entonces?

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Debates sobran. Mientras el filósofo Aristóteles deducía que las mujeres experimentaban un goce completamente inútil y que sus fluidos no tenían “espíritu y fuerza vital”, Galeno salió en su defensa, diciendo que esta eyaculación sí tenía un papel relevante, pues el “semen femenino” provocaba que el cuello del útero lograra una mayor apertura para lograr la fecundación.

Para 1967, el zoólogo Desmond Morris propuso la teoría de que su función fisiológica era la de mantener a la mujer en posición horizontal para garantizar la reproducción, “el orgasmo femenino deja a la hembra sexualmente saciada y agotada, y al permanecer tumbada para recuperarse, la fertilización no se ve amenazada”.

Y en los primeros años de la década de los años noventa, surgió una de las hipótesis más aceptadas y menos validadas –pues la mayoría de los datos procedían de una sola mujer-, los investigadores Robin Baker y Mark Bellis aseguraban que “las contracciones experimentadas ayudan a `levantar´ el esperma y así conseguir la concepción, algo como un mecanismo de retención”.

Lo cierto es que ante todas estas propuestas -ninguna confirmada por completo- la científica Elizabeth Lloyd publicó en 2005, The Case of the Female Orgasm, un libro en el que desarticula y niega la validez de decenas de estas conjeturas, para decir que, “quizá se trate es sólo un regalo de la evolución, algo como los pezones masculinos, cuyo único propósito es brindar placer”, menciona.

Hasta el momento, la ciencia no ha encontrado una explicación certera sobre su finalidad. Así que sin ningún provecho biológico que lo respalde, pregunta Lloyd, ¿el placer no es suficiente argumento? A veces, un orgasmo es sólo un orgasmo.