La solidaridad que nos saca a las calles y nos hace levantar escombros #MéxicoFuerte

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Hace cinco días el país se unía en un grito de jubilo exclamando ¡viva México!, hace tres años, en una expresión de desánimo que reclamaba #NoEraPenal. Sí, los mexicanos sabemos unirnos a una sola voz en distintos tonos, pero nada nos une tanto como nuestras tragedias, es ahí cuando nos convertimos en un solo grito unánime, una sola fuerza llamada solidaridad

El 19 de septiembre marca una fecha histórica en el corazón de los mexicanos por conmemorarse el aniversario del terremoto que en el 85 azotó a la Ciudad de México. Ayer, 32 años más tarde, después de que en escuelas y edificios se llevara a cabo el simulacro de rutina con el que año con año se recuerda aquel desastre, la Ciudad volvió a ser sacudida por un terremoto de 7.1 grados de intensidad. Entre el desconcierto y el pánico, la nación se paralizó. Paasaron tan solo unos minutos de incertidumbre antes de que el ambiente se inundara por el sonido de sirenas y entonces supiéramos que era nuestro turno de ponernos en acción. 

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Las redes sociales hicieron la parte de mensajeras y banderas de auxilio. La tragedia colectiva no da espacio al desasosiego pues es más grande el sentimiento -o más acertado, la necesidad- de apoyo que nace en todos los que la vivimos. Así, impulsados por una misma fuerza, las personas salieron a las calles con barretas, palas, cubetas, picos y sus propias manos para remover las ruinas y rescatar a los sobrevivientes. La comunidad civil a la que tanto laureaba Carlos Monsiváis en el 85 volvía a surgir entre los escombros.

“El miedo, el terror por lo acontecido a los seres queridos y las propiedades, la pérdida de familias y amigos, los rumores, la desinformación y los sentimientos de impotencia, todo –al parecer de manera súbita– da paso a la mentalidad que hace creíble (compartible) una idea hasta ese momento distante o desconocida: la sociedad civil, que encabeza, convoca, distribuye la solidaridad” Carlos Monsiváis.

Las zonas afectadas no tardaron en convertirse en centros de acopio, en donde los vecinos, colonos y personas llegadas de todos los puntos de la ciudad iniciaron la colecta de víveres, materiales de curación y herramientas de trabajo. A los alrededores de los edificios colapsados se formaban cadenas humanas para remover escombros, cadenas humanas para facilitar el transporte de las donaciones, equipos de trabajo que separaban y clasificaban los donativos, equipos de trabajo que preparaban alimentos para brigadistas, afectados y voluntarios, rondas de personas que voceban por las calles y decenas de vecinos que salían al llamado. 

Durante toda la velada, no dejaron de llegar brigadas de rescate, donadores, paramédicos, médicos, ingenieros civiles y manos dispuestas a dar su trabajo para ayudar a simplificar una de las noches más difíciles que ha vivido México. 

El llamado de solidaridad apenas empieza, pero de entre el dolor que nos arrastra en este momento, debemos reconocer, admirar e impulsar las muestras de cariño que únicamente pueden hacerse más grande mientras esta jornada de duelo y necesidad termina.

México es unión, México es solidaridad, México es fuerte.