La grave tendencia que preocupa al mundo: ataques con ácido

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Flavia vuelve a casa por la noche, cuando de pronto escucha a alguien detrás de ella. Se da la vuelta tratando de mirar al que la sigue y, en instantes, siente un líquido en su rostro que le provoca un tremendo dolor. Flavia llora, corre de un lado a otro tratando de quitarse la ropa que trae encima, hasta que una familia amiga la ve y la lleva inmediatamente al hospital. Es 2009 y Flavia, originaria de Kampala, Uganda, acaba de ser víctima de un ataque de ácido.

Su caso no es el único. Flavia es parte de la estadística que dice que al año se producen, al menos mil 500 agresiones con ácido en el mundo; el 80% de estos ataques son contra mujeres. Esta horrible tendencia está preocupando al mundo entero porque aunque el caso de Flavia tiene ya ocho años de haber ocurrido, este tipo de ataques, lejos de disminuir o desaparecer, se están incrementando.

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La asociación Acid Survivors Trust International (ASTI) ha señalado que es Inglaterra el país que ha roto alrededor de ataques de ácido en el mundo. Tan sólo Londres registró 454 crímenes en 2016, una cifra muy superior a los 261 casos que hubo en 2015. Este tipo de violencia en terreno británico se ha incrementado un 98% en los últimos 10 años.

Y aunque es el país que va a la cabeza, en la lista con más ataques registrados están India, Pakistán, Nepal, Bangladesh, Uganda, Cambodia; todos ellos con la característica de que son mujeres las principales víctimas, mientras que los atacantes son hombres.

La Comisión Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación en México ha dicho que estas agresiones tienen una carga simbólica: pretenden marcar de por vida. No sólo se trata de causar un sufrimiento físico enorme sino imponer una condena social.
Este fenómeno ya ha llegado a América Latina y es Colombia el país que más preocupa al tener un promedio de 100 ataques por año, con la similitud de que los perpetradores son en su mayoría hombres y las víctimas, mujeres.

La similitud entre los países en los que se experimenta este crimen es que tienen un control gubernamental muy bajo sobre el uso de sustancias corrosivas. Y un fenómeno que nació siendo como una vertiente de la violencia de género, se está comenzado a ver como una nueva herramienta del crimen organizado.

El ácido es un arma que se está volviendo popular para cometer atracos porque es fácil de obtener y barato; además si un atacante lo trae consigo, la autoridad tiene que demostrar que lo usará para dañar.

El criminalista de la Universidad Middlesex, Simon Harding, ha dicho que es el arma predilecta para “demostrar poder y control o desatar el miedo entre otras bandas rivales”. Además de que en caso de detener al agresor, las penas son menos severas, pues los cargos son sólo por lesiones corporales graves; en cambio, si usan armas blancas o pistolas, la pena será por intento de homicidio.

El ácido también trae consigo la dificultad de demostrar la culpabilidad del atacante porque no deja huellas dactilares completamente legibles; además es más fácil herir a alguien lanzando un líquido que empleando otra arma.