¿Qué es ser transespecie? Animales (unicornios incluidos) en cuerpos humanos

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Gregorio Samsa era un comerciante de telas que un día despertó convertido en un insecto. Franz Kafka, originario de República Checa, contó su historia en su libro La Metamorfosis. En él lo describe así: “Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón y, al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades (…). Numerosas patas, penosamente delgadas en comparación al grosor normal de sus piernas, se agitaban sin concierto”.

Samsa no disfrutó esta transformación de humano a animal, él fue un caso contrario al deseo de muchas otras personas que lejos de la literatura sí desearían despertar un día y ser ese animal con el que se identifican: gato, perro, elefante, jirafa, insecto o bien, especies mitológicas como dragones. Hablamos de los transespecies y son personas que consideran que están atrapados en un cuerpo humano cuando en realidad pertenecen a otra especie.

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De acuerdo a la explicación que se da a modo de bienvenida en uno de los grupos de Facebook dedicados a estas personas, los humanos que se identifican bajo esta cualidad dicen que esto puede ser espiritual o psicológico, pero que están conscientes de que son físicamente humanos y que tienen que actuar como tal. Se compara, incluso, con la situación que viven las personas transgénero, sólo que en en lugar de identificarse con el sexo opuesto al de su nacimiento, se identifican con otras especies.

Las redes sociales han ayudado a que las personas transespecie se relacionen entre sí y creen redes de apoyo para lidiar con la incomprensión que gira entorno a ellos. En los grupos se habla por ejemplo de que muchas personas con esta identidad atraviesan por experiencias que los hacen sentir no humanos y que su entorno los señala como personas con problemas mentales o de comportamiento.

La definición salió a la luz desde la década de los 70 y es más compleja de lo que parece. No hay un término científico para definirlos, aunque psicológicamente se les señala como personas con disforia: no sienten como propio su estado físico, no a modo de una enfermedad mental, sino como un malestar con respecto a su condición. La palabra disforia significa disgusto, desajusto o malestar, en este caso al cuerpo en el que se nació.

Hay quienes viven sin mostrar una seña física de lo que llaman “verdadera identidad”, en tanto que otros tratan de adoptar elementos asociados con la especie con la que se identifican, unos más aventurados se han intervenido quirúrgicamente.

Está entre ellos Neil Harbisson quien se incrustó una antena en el cráneo para poder sentir y escuchar los colores, dice que él es transespecie porque está añadiendo sentidos y órganos que no son propios de su especie, pero sí de otras. “El hecho de tener una antena es natural en otras especies, como percibir los ultravioletas, y el arte. La definición de humano ya no me define”, dijo en entrevista con Rewisor.

Hay jóvenes que se han identificado como dragones y dicen sentir cómo salen espinas de su espalda cuando están enojados, otros que tratan de vivir como gatos, incluso con accesorios como orejas y uñas de metal que los identifiquen como tales o bien, quienes fabrican sus propias máscaras de cuervo o pieles de lobo para asemejarse al animal que dicen llevar dentro.

La mayoría habla de un “despertar”, un momento definitivo en el que se conectan con el ser que guardan en el interior, otros como Neil dicen que desde pequeños identificaron cualidades ajenas a las humanas.

Ellos no están exentos de la discriminación y saben bien lo que es enfrentarse a un mundo en el que lo diferente es mal visto. Ellos podrían ser los Samsa que describió Kafka hace más de 100 años, el insecto que se enfrentó a una sociedad que rechaza completamente lo que es diferente a lo ya establecido.